La diversificación energética empezó hace más de 50 años cuando en octubre de 1973, a consecuencia de la guerra entre Israel y Egipto, los árabes de la OPEP anunciaron un embargo contra los Estados Unidos en respuesta a la decisión de estos de apoyar a los israelíes durante la guerra, embargo que OPEP extendió a otros países que apoyaron a Israel. Los precios del petróleo se cuadruplicaron, aumentos que pagaron consumidores en todo el mundo y llevó al colapso de las economías menos estables como Tailandia. En EEUU llegaron a racionar la nafta algo que nunca se había visto. La reacción no se hizo esperar. En 1977, Carter pronunció su famoso discurso en el que dijo: "La independencia energética es un problema sin precedentes en nuestra historia. Con la excepción de evitar la guerra, este es el mayor desafío de que nuestro país enfrentará durante nuestras vidas. La crisis de energía aún no nos ha abrumado, pero lo hará si no actuamos rápidamente... Si no actuamos pronto, nos enfrentaremos una crisis económica, social y política que amenazan nuestras instituciones". Desde ese entonces, millones de dólares se invirtieron en conservación energética y en el desarrollo de alternativas que recién ahora se están viendo en escala comercial, incluyendo el fracking o fracturamiento hidráulico. Consecuencia: EEUU ya no importa petróleo y el precio del barril se redujo. La tercera parte de la población mundial consume las dos terceras partes de la energía fósil, la llamada ley de Lorenz, desigualdad que no existe en los renovables como la solar y eólica que están distribuidos más uniformemente alrededor del globo. La economía mundial se está reorientando hacia la energía renovable ya que los países más pobres no pueden aumentar su cuota de consumo de combustibles fósiles pero si pueden mejorar sus niveles de vida a través de energías alternativas. O sea, la cosa pasa por una cuestión económica y de independencia energética.

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