A fines de 2017, el 8% de la matriz eléctrica deberá usar fuentes renovables. Hoy apenas supera el 1%. Pero tras décadas de atraso, empieza a promoverse el consumo de energías alternativas en empresas y casas.
Aún con la frecuencia y potencia del viento del corredor patagónico y la capacidad de generación solar en el norte, el uso de fuentes renovables es incipiente.
Mientras tanto, países vecinos tienen otro panorama para mostrar. El subte de Santiago de Chile, en poco menos de dos años, será impulsado en un 60% por la energía del sol y del viento. Será el primero del mundo. Se abastecerán de una planta fotovoltaica y otra eólica ubicadas en el desierto de Atacama. Con el consumo de energía renovable, Chile dejará de emitir en la atmósfera 130.000 toneladas de dióxido de carbono.
Hace algunos años, Uruguay importaba energía eléctrica de Argentina y Brasil. El Gobierno comenzó a fomentar el desarrollo de fuentes renovables. La semana pasada se anunció que Uruguay venderá electricidad a la Argentina producida por el viento. Desde 2015, las energías renovables, incluyendo la hidroeléctrica, cubren el 95% de la demanda eléctrica de Uruguay.

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Sección Editorial

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Monica Cassels
Monica Cassels · Hace 1 mes

Si se consiguiera reducir más el precio de las placas fotoeléctricas, sería un inmenso avance su instalación en todos los techos de las casas de nuestra región. Y también insisto en que se estudie la factibilidad de aprovechar la energía geotermal, de la que los países ubicados sobre la Cordillera de los Andes tienen una gran fuente inagotable, barata y prácticamente inocua para el medio ambiente en los puntos donde se la explota.

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