Como un hecho político de la década del ochenta comenzó a funcionar en Salta hace treinta años, la Residencia Interdisciplinaria de Salud Mental (RISaM). El cumpleaños será celebrado el próximo viernes a las 10 en el Hospital de Salud Mental "Dr. Miguel Ragone".
Los creadores de esta unidad educativa se unieron para que el Estado no sea un ogro filantrópico (quitar y dar a la vez) con los sujetos con padecimiento mental. Ofrecieron cuando volvió la República en plena Guerra Fría, una batalla por la democratización del acceso a la salud mental; propusieron un cuadrivio (enfermería, medicina, trabajo social y psicología) para el modelo de salud mental basado en lo interdisciplinar y se postularon para participar en la coorientación de la política pública de Salud Mental que en Salta, era una capítulo menor.
Esta residencia supo batallar por su reconocimiento y generó la definición política que necesitaron sus fundadores hace treinta años. Ellos lucharon para que la residencia sea un sistema remunerado de capacitación de postgrado a tiempo completo, con actividades programadas y supervisadas, que persiga como objetivo la adquisición de diversas competencias profesionales para intervenir frente a las problemáticas de salud mental a diferentes escalas (individual, institucional, familiar y comunitario), buscando de esta manera una mayor eficacia, eficiencia y equidad en las estrategias de intervención. Este funcionamiento preocupó durante años a los pocos fundadores porque fueron retirándose del campo de operaciones segregados por los mismos actores del sistema, quedando así alejados de las decisiones de la RISaM. Ocurrió que algunos turnos del gobierno provincial no tenían la más mínima idea de lo que es generar y mantener desde la enorme limitación que da un hospital monovalente, el trabajo interdisciplinario e intersectorial de salud mental con el Estado sanitario.
En la actualidad, la RISaM no puede quedarse dormida. Sufre el fuerte embate de los que se oponen a la adecuación de toda la atención primaria, secundaria y terciaria al plexo legislativo de la mejor doctrina sanitaria para el sujeto de la intervención clínica, institucional y comunitaria. Esta adecuación surge de la ley nacional de Salud Mental y su decreto reglamentario 603/13 que proponen la inclusión social y laboral de las personas con padecimiento mental y la promoción de sus derechos humanos.
La RISaM sigue conminada por los que quieren sustraerle lo obvio que debe defender y que no es otra que el trabajo comunitario y en red y el estudio crítico de los programas de prevención y promoción de la salud mental, la asistencia integral del paciente y de su entorno que tiene el Estado.
El nuevo paradigma de la salud mental del siglo XXI es ético y el del consentimiento informado, aunque éste esclavice a los pacientes más débiles. Con esto operan los detractores de la RISaM, muy poco amantes de las libertades individuales.
Hoy la RISaM es una opción de posgrado y una inserción laboral en la gestión pública y privada. Cuenta con una presencia en el país como institución, es como un maestro "sensei". En Japón, el "sensei" es el que ya recorrió el camino y tiene experiencia y el que nació primero y sabe cómo trasmitir al menor el deseo de saber.

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