El expresidente francés, Francois Miterrand, alguna vez expresó: "He verificado con frecuencia que el buen manejo de un error vale más que ciertos éxitos. Así lo enseña el arte del ajedrez, que consiste en aprovechar los errores cometidos. Más que despistarlo a uno, confunden al adversario." Encontré la misma idea en un opúsculo de Fr. Veremundo, Arzobispo de Valencia, dirigido a las Cortes, en 1820: "­Oh príncipe grande en cuanto ha acertado, y más grande aún en reconocer y retratar (sic) sus desaciertos".
En forma más prosaica un viejo chiste cuenta así: "Errar es humano", dijo el pato y se bajó de la gallina. "Perdonar es divino", dijo la gallina y salió corriendo atrás del pato.
De alguna manera todos sentimos un toque de divinidad cuando nos es lícito perdonar errores ajenos. Ello mientras no caigamos en el Quijotesco desasosiego que expresa Cervantes: "¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?"
Tanto Miterrand como Veremundo (también la gallina) nos explican el fenómeno de Mauricio Macri, cuya imagen se agiganta en sus errores, como ocurrió con la rectificación del camino iniciado en la designación de los jueces de la Suprema Corte. Parece que el resultado final, según las encuestas, es que Macri capitalizó el error (al rectificarse), particularmente al demostrar una actitud opuesta a la de la gestión "K", obcecada en negar errores y realidades.
Pero parecería que Mauri está abusando de esta idea de sacar fruto de sus equivocaciones. La última ha sido, ofrecer a los docentes un aumento del 40%, para pocas horas después- salir el propio mandatario a desmentir a su Ministro estableciendo un tope del 25%. Pero, sin duda, el error más resonante ha sido el brusco desplazamiento de Graciela Bevacqua, del Instituto Nacional de Estadísticas (Indec), motivada en su resistencia a sacar un índice de precios a corto plazo. No importa quien tuviera razón en la discusión técnica, lo cierto es que muestra una chapucería total del Gobierno al momento de manejar este tipo de situaciones. Graciela Bevaqua, convengamos, no fue recontratada por ser una ilustre científica insustituible. Se trataba, fundamentalmente, de una simbólica señal destinada a recuperar la credibilidad del organismo. En el Gobierno nacional, ¿son todos ingenieros y empresarios?, porque se manejan con la sutileza de paquidermos en una cristalería. Podían haberle hecho alguna propuesta indec-ente, como agregada estadística de la embajada de Burkina Faso o crearle una Dirección de Asuntos Indec-orosos; alguna salida elegante, aunque fuera la renuncia indec-linable. Al estilo de Donald Trump (de quien enseguida nos ocuparemos) prefirieron el drástico "you are fired", con el que el magnate echaba a sus "aprendices".
En nombre de la rosa
Dice Umberto Eco, en sus propias apostillas a su novela El nombre de la rosa: "un título debe confundir las ideas, no ordenarlas". Y ese es el objetivo del epígrafe que encabeza estos párrafos: confundir. Pero también el de rendir homenaje a uno de los últimos eruditos de nuestro tiempo; y, de paso ir deslizándonos hacia un ambiente monacal, eclesiástico y misterioso porque hablaremos, nada menos, que del Sumo Pontífice. Otro que siempre acierta en sus sorprendentes pifias. El obispo de Roma, luego de reconocer que "comete errores" señaló en un tuit que: "Los errores tienen tres partes: aceptarlos, superarlos y no volverlos a cometer". Francisco los acepta, los supera y vuelve a cometerlos. Pero distintos. Como Groucho Marx, tiene otros muchos errores para seguir aceptando, superando y evitando (por ejemplo ser hincha de San Lorenzo, de lo que todavía no se arrepiente).
El Santo Padre casi produjo una guerra con México cuando recomendó evitar la "mexicanización de la Argentina". El vocero papal salió a explicar que no era eso lo que había querido decir. Recientemente le dio un involuntario empujón al "facho" Trump, al afirmar que no se comportaba como un cristiano. El vocero papal salió a explicar que no era eso lo que había querido decir. Por último: el regalo de un segundo rosario a Milagro Sala. Nadie lo supo explicar. Varios portavoces intentaron un vago: "El Papa valora el trabajo de los dirigentes sociales". Quizá sea un gesto para otras iglesias autóctonas ya que la millonaria dirigente K, no es católica y ha expresado que "está resentida con la iglesia" y construyó en "sus" barrios una réplica del Templo de Kasasaya para practicar las ceremonias de su sincrético culto.
Pero para una semblanza de este personaje, quién mejor que el cura católico apostólico romano Jesús Olmedo, que ya en 2012 advirtió sobre Milagro Sala y la Tupac Amaru: "Como no tengo miedo ni necesito nada de Milagro Sala digo la verdad". Y agregó: "La gente de Milagro Sala llegó a Humahuaca en dos colectivos armados para quedarse con unos terrenos que eran privados. Luego de los violentos disturbios, murió un joven de 29 años que intentó defender un terreno familiar". "Manipula a los pobres, el que no hace lo que ella quiere o no va a las marchas, le quita la casita, lo echa de la organización y vienen los problemas y los enfrentamientos". Finalmente el sacerdote recordó que fue personalmente amenazado: "Ella iba con la gente que la defiende, Los Monos, y cuando bajamos del avión me cercaron, ella al medio, y me dijo: cuando hables una vez más de mí, te vas a enterar, prepárate".
El Papa no es infalible en temas no religiosos (él mismo lo ha dicho), por eso coincidimos con la casi anacrónica revista del Reader''s Digest: infalible, infalible, lo único infalible es el remedio de la risa.

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Re KennethU
Re KennethU · Hace 9 meses

Muy bien, como siempre (o casi).


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