Tres veces llegar a la final de un torneo de fútbol es bueno, pero en un país triste, al que le quitaron la alegría, cada vez más golpeado por la desfachatez de algunos de sus gobernantes, por el descarado y sistemático robo de sus principales políticos, a veces es muy malo. Allí se manifiesta esa silenciosa rebelión, mezcla de cansancio e impotencia, especialmente en aquellos sectores que a diario quieren pellizcar un "poquito" de felicidad.
A partir de ese razonamiento es bueno salir segundo, porque no merecemos el primer lugar. Está visto en la historia deportiva reciente. No podemos ser primeros, porque la entidad madre del fútbol Argentino hoy está intervenida a raíz de los sistemáticos desmanejos, incluso con la mayoría de sus dirigentes millonarios, viajando en lujosas comitivas, sintiéndose intocables, a expensas de clubes, cada vez más pobres y con el péndulo permanente de la Justicia, sobre sus cabezas.
Es bueno ser segundo, porque más allá del síndrome del fracaso, revela los entretelones de un deporte hermoso, con dirigentes preocupados por el negocio fácil, incapaz de realizar un trabajo serio a nivel de selecciones. Al técnico hace seis meses que no se le paga. Eso no es justificativo porque la Selección volvió a ser un equipo errático, sin pasión ni temperamento, salvo las excepciones de siempre, que no alcanzaron para doblegar a Chile.
En este nivel de equipo hace falta trabajo a largo plazo con metas claras y transparentes. El día que le agreguemos a Messi, a Mascherano, a Romero, a Banegas, a Otamendi, otros jugadores que se integren con la única aspiración de formar un equipo, entonces daremos el primer paso para dejar de ser segundos.
Inclusive cuando el propio periodismo deportivo realice su autocrítica y no intente vendernos como los mejores del mundo, generando una falsa expectativa, entonces también seremos capaces de subir otro peldaño.
Mientras tanto es bueno ser segundos, porque para ser primeros hay que tener condiciones para llegar. Por el momento, somos primeros en el bullicio, en la provocación y en la equivocada exaltación de deformar el himno, envalentonados en un grito efímero e inútil.
Somos primeros en corrupción, en falta de seguridad jurídica, en accidentes viales, en conductores borrachos que matan inocentes y siguen manejando. Estamos en el podio de la inseguridad y por el momento seguimos ocupando un lugar de privilegio en las causas que duermen la siesta en los pasillos de la Justicia.
Mientras no cambiemos seguiremos siendo segundos y por muchos años más.

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Sección Editorial

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jorge agustoni
jorge agustoni · Hace 5 meses

Coincido amigo periodista, y aún hay muchas cosas que se podrían agregar.


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