Columnas cubiertas con símiles de mármol, obras de arte en todas las naves, vitrales que recuerdan la vida de Jesús e incluso escenas que fueron replicadas de las que en la actualidad se encuentran en la Capilla Sixtina en el Vaticano, estas y otras riquezas más se pueden encontrar en la Catedral Basílica de Salta. Para conocer más en detalle esto, El Tribuno dialogó con el padre Raúl Méndez, autor de "La Catedral de Salta".
¿Cuándo se finalizaron las obras de la Catedral?
Esto se hace de la mano de monseñor Roberto Tavella. Es él quien le da las terminaciones -sobre todo de tipo teológico- a la construcción. En el libro "La Catedral de Salta" explico cada uno de los mensajes que se transmiten en toda la obra. Sobre todo para que la gente común lo entienda. Porque todo lo que está allí tiene un sentido. Las obras que dejan la Catedral como hoy la conocemos se terminaron en 1940, aproximadamente. Después se hicieron algunos retoques, pero menores.
¿Quiénes fueron los artistas?
Fueron varios, algunos llegaron de otras provincias o incluso de otros países. La mano de obra era salteña, pero los artistas en su mayoría fueron de afuera. Actualmente en la Sacristía se puede ver una serie de cuadros que son recientes, y fueron obra de un artista de Perú. Las obras que se inauguraron en 1938 fueron de Pedro Martínez.
Los vitrales, ¿de qué época son?
Casi todos fueron realizados durante la época de monseñor Tavella. Algunos son anteriores. Hay que entender que las partes de la Catedral se fueron haciendo de a poco. Incluso se inauguró sin el campanario, sin la torre del reloj. Incluso la fachada.
Los frescos...
Todos se hicieron a comienzos del 1900. Pero hay uno que no es un fresco sino un aplicado. Uno de los más grandes, que habla de la transfiguración que está en uno de los laterales del altar mayor, es un aplicado, no es pintado y es una réplica de una de las obras de la Capilla Sixtina. Fue traído de Roma y colocado allí. Otro detalle importante es ver que todo está hecho con una gran calidad, cuidando la perfección del detalle. El trabajo de la cúpula, por ejemplo, es impresionante. Aún lo que no está al alcance del ojo, cuando uno va y se acerca puede ver los detalles, y cómo se cuidó la perfección de la obra. Fue hecho con una gran dedicación.
¿Cree que la Catedral deba sufrir una renovación de estilo?
No. No tiene sentido. La Catedral tiene su estilo y su concepción y además está en muy buen estado. Lo que se debe hacer es cuidarla y entenderla porque tiene un mensaje.
Hay zonas de la nave central que están dañadas...
Sí, son todos problemas de humedad. La restauración de las obras es más una cuestión de Estado. Se debe buscar al artista que lo pueda hacer, de manera que todo quede como estaba y que no se note que fue tocada. Los salteños tenemos que hacerlo, porque la Catedral reúne muchos elementos. Es la principal iglesia, es el lugar al que van todos los salteños y no solamente los católicos. Es un lugar que realmente para el salteño es propio. En mi caso, que participo de la atención pastoral allí, me tocó encontrarme con salteños que no son de convicciones religiosas, pero tienen un vínculo especial con la Catedral, que no pueden dejar de entrar. Entran a serenarse. La Catedral merece que la restauremos en los pocos puntos donde presenta daños, porque está muy bien mantenida.
La imágenes son en su mayoría antiguas y en madera...
Las imágenes requieren cuidados periódicamente. A la imagen del Señor del Milagro se le hizo hace muy poco un tratamiento de conservación. La Virgen también fue reparada. El resto son menos antiguas, y todas tienen su particularidad. La Virgen del Milagro por ejemplo no era para vestir, y atrás en la espalda dice: "Me encarnó Tomás Cabrera". Esto quiere decir que le dio la terminación y los colores para que parezca carne, para que parezca humana.
Un mensaje para este nuevo Milagro...
Hacer la novena pensando o buscando tres aspectos de la misericordia. En primer lugar, la misericordia divina que nos ofrece el Señor y que la necesitamos. Ir a pedir y a recibir la misericordia de Dios. En segundo lugar, dejar que esa misericordia se encarne en nosotros para que seamos misericordiosos con los demás. Tanto en las obras de misericordia en el campo corporal, en las necesidades materiales o también en el campo espiritual, como por ejemplo consolar al que sufre, explicar algo al que no sabe, acompañar al que está solo. Y en tercer lugar, aprender a pedir y a recibir la misericordia de los demás. Porque todos tenemos fallas y necesitamos también recibir la misericordia de los demás para que convivamos bien.
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