Lea Noemí López tiene 23 años, es mamá de un bebé de 18 meses y está casada con un oficial de la Policía de la Provincia. La joven es agente y desde que egresó de la escuela de Policía, se desempeñó en la División Seguridad Urbana, más conocida como el 911 con asiento en Tartagal.
En mayo pasado hizo la primera denuncia contra su superior, el comisario Adolfo Torres, quien también es segundo jefe del 911, por persecución y acoso laboral. Semanas más tarde, abrumada por la situación, decidió ampliarla al acoso sexual. Lea está hoy con carpeta médica hasta tanto su psiquiatra decida cuándo estará en condiciones de reintegrarse a sus tareas. Pero extraoficialmente ya le llegó la información: podría ser trasladada a otra dependencia mientras Torres permanecerá en el 911.

El fallo judicial

La causa de Lea ya tiene resolución en el Juzgado de Violencia de Género en el Distrito Judicial del Norte por una decisión de la jueza Susana Menéndez y por el trabajo de la fiscal de violencia de género Lorena Martínez y su abogado Pablo Cardozo.
Semanas atrás fue relevado el entonces jefe de la Unidad Regional 4, Juan Carlos Míguez, tras ser condenado por acoso laboral y violencia de género contra una agente. Ahora el fallo es similar, aunque el cargo es más grave.
La magistrada ordenó que el comisario Torres "se abstenga de ejercer actos de violencia física y síquica, proferir insultos, palabras agraviantes o groseras o desplegar conductas amenazantes en contra de Lea Noemí López".
Además, la Jefatura de la Unidad Regional N§ 4 debe evitar el contacto entre la víctima y el agresor.
A pesar del fallo, la situación de Lea es delicada. "Extraoficialmente me llegó la información que me trasladarán a otra dependencia y que el hombre a quien denuncié seguirá en sus funciones. La Justicia falló al comprobar que todo lo que dije era cierto, pero en la Policía parece ser que se castiga al que denuncia, no al denunciado".

"El jefe, es jefe"

Lea recordó que la primera denuncia "la hice en marzo prácticamente cuando el comisario Torres tomó posesión como segundo jefe del 911. Desde un primer momento comenzaron los malos tratos, la falta de respeto, los reclamos de muy mala manera; pero todo iba seguido de cambios bruscos de actitud, porque al rato se me acercaba y me decía que lo que yo necesitara se lo pidiera".
Para alejarse de su acosador, Lea pidió licencia. "Me sacaron el arma como es habitual; cuando volví me mandaron a patrullar sin el arma; recién el tercer día Torres me llamó a su oficina para reprenderme, pero antes tomó la precaución de que la ayudante que estaba allí se fuera a comprarle gaseosa. Fue lo peor porque cuando quedamos solos comenzó a denigrarme y a hacer comentarios desubicados. Al rato me dijo que yo no tenía que verlo como un jefe y otras expresiones que me da vergenza reproducir. Cuando salí me sentía mal, humillada, tenía bronca".
Ese día Lea fue a la Unidad Regional 4 para hablar con el superior de Torres, el comisario Cardozo. La respuesta la dejó más desconcertada. "Me dijo que no tenía que andar haciendo denuncias y que tenía que entender que los jefes son los jefes. Desde ese día, los maltratos de Torres fueron peores".
Para Lea la situación es más difícil aún. "El temor que tenemos con mi esposo es que como hay un fallo judicial a mi favor, los jefes tomen represalias con él cambiándolo de destino, algo que suele hacerse en la Policía como escarmiento. Si me cambian de sector en lugar de cambiar a Torres o comienzan a perseguir a mi esposo me quedará la certeza de que la institución que debe colaborar con la Justicia, es la más injusta de todas", reflexionó la joven.

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