España, sin gobierno a la vista

Pascual Albanese

España, sin gobierno a la vista

A cuarenta años de la muerte de Francisco Franco, cuya desaparición enterró un régimen de 36 años y marcó el inicio de la transición democrática en España, las elecciones legislativas hirieron de muerte al bipartidismo.
Los dos grandes contendientes batieron sendos récords históricos negativos. El oficialista Partido Popular (PP), presidido por Mariano Rajoy, arañó el 28,8% de los votos, el menor porcentaje de sufragios obtenido por un partido ganador en una elección nacional. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), piloteado por Pedro Sánchez, logró el 22%, la peor elección de los socialistas en toda su historia.
En lugar de ese bipartidismo que signó durante décadas a la política española, con la alternancia de gobiernos conservadores y socialistas, irrumpe un incipiente tetrapartidismo, donde el predominio de las fuerzas tradicionales es cuestionado por una ruptura generacional que se manifiesta a izquierda y derecha y se refleja en el avance de Podemos, expresión contestataria encabezada por Pablo Iglesias, que crece en el terreno del PSOE, y por Ciudadanos, corriente liderada por Albert Rivera, que pretende encarnar un conservadurismo modernizante, a expensas del PP.
El escenario quedó dominado por la incertidumbre. Ninguna fuerza tiene mayoría legislativa. Tampoco aparece en el horizonte una alianza parlamentaria viable para legitimar a un gobierno. El país quedó al borde de la ingobernabilidad. En ese contexto, Cataluña aprovecha el vacío de poder para acelerar el paso de su proyecto independentista.
La fragmentación reflejada en las urnas se traduce en un Parlamento atomizado. Sobre un total de 350 diputados, el PP obtuvo 123 bancas (60 menos que hasta ahora) y el PSOE 90 (veinte menos). Podemos cosechó 69 escaños y Ciudadanos 39. El resto se distribuyó entre los distintos nacionalismos regionales (en especial catalanes y vascos), que a pesar de su carácter minoritario adquieren un papel decisivo, y en ciertos casos hasta extorsivo, en las negociaciones para constituir una coalición de gobierno.
Ningún acuerdo que esté circunscripto a dos partidos permite alcanzar el número mágico de 176, necesario para alcanzar la mayoría parlamentaria.
Las únicas soluciones transaccionales apuntan a la formación de un gobierno elegido con mayoría simple, por lo tanto en minoría en el Parlamento, basado en la abstención de una parte de los diputados y que nacería con el estigma de la fragilidad.
Tres opciones
En esas condiciones, una primera alternativa, alentada por los principales sectores empresarios, es un gobierno "monocolor" del PP, cuya investidura sería viabilizada con la abstención de los diputados del PSOE. Esa variante, definida como la "gran coalición", en alusión a la entente entre la democracia cristiana y la socialdemocracia que gobernó Alemania en diversos períodos de crisis, es apoyada también por Ciudadanos.
Rajoy intenta endulzar a los socialistas con una propuesta que podría incluir una reforma constitucional, para "blindar" jurídicamente ciertas instituciones del "estado de bienestar", a costa incluso de resignar determinados parámetros de estabilidad fiscal incorporados a la Carta Magna. Pero Sánchez rechaza de plano cualquier oferta que implique legitimar otro gobierno presidido por Rajoy.
La segunda opción, auspiciada por Sánchez, es un "gobierno de izquierda", con hegemonía socialista y el respaldo de Podemos y los nacionalistas catalanes y vascos. El problema estriba en que la articulación de esa coalición requiere que el PSOE revise su oposición al referéndum independentista en Cataluña, cuya legalización abriría una caja de Pandora que puede amenazar la unidad de España.
Si no prosperara ninguna de esas variantes, no quedaría otra posibilidad que disolver el Parlamento y convocar a nuevas elecciones. En tal caso, la incertidumbre se prolongaría durante varios meses, con su obvio impacto negativo en la economía y sin que nadie pueda garantizar que los resultados electorales sobrevinientes permitan superar el actual empantanamiento.
El "pacto de las dos señoras"
En esa danza de combinaciones, afloran las divergencias en todos los partidos. En el PP cunde la impresión de que la negativa de los socialistas torna imposible un gobierno de Rajoy y empiezan a explorarse otras combinaciones. La figura más mencionada es la actual vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, de 44 años, quien sería menos resistida por el PSOE.
En el PSOE, la intención de Sánchez de encabezar un gobierno aliado a Podemos, con el apoyo de los nacionalismos regionales, desata la resistencia de vastos sectores partidarios. Felipe González, el pope histórico del PSOE, espetó: "Ni que me cuelguen me voy a aliar con quienes quieran descuartizar a España".
También entre los socialistas asciende una figura femenina. Susana Díaz, jefa del PSOE de Andalucía, expresa una corriente que cuestiona a Sánchez por su pésima elección e insinúa que lo mejor para el PSOE sería recomponerse desde la oposición a un "gobierno corto" del PP. Esta postura podría converger con el encumbramiento de Sáenz de Santamaría en el lugar de Rajoy. La prensa española habla del "pacto de las dos señoras".
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