Hemos empezado hace unas semanas a transitar en el calendario el famoso segundo semestre de este 2016, el cual se planteó, inicialmente, como el comienzo de la recuperación económica en Argentina.
Luego de seis meses intensos, el Gobierno nacional puede mostrar varios logros económicos y ya, más cerca en el tiempo, algunos fracasos. Quedaría patente la idea de que los fracasos recientes le están tirando más sombras al resto del año que los éxitos iniciales.
Como puntos a favor se puede mencionar la salida del cepo cambiario y el arreglo definitivo del default argentino.
También las bajas de retenciones a las exportaciones agropecuarias y el reacomodamiento de algunos precios relativos de la economía. Por último, ciertas medidas fiscales a favor de las pymes y la reforma jubilatoria que soluciona de alguna manera la problemática de las actualizaciones jubilatorias y los juicios pendientes.
Ahora bien, con todos estos aciertos, ¿por qué no arranca la reactivación? Para responder esta pregunta es que se pueden señalar dos de los principales desaciertos que refleja la economía.
El primero, el más visible, es la forma en la cual se implementó el sinceramiento tarifario. Pensar que se iban a aceptar sin judicializar las subas excepcionales superiores al 400% mostró un error de cálculo. Hay que corregir las tarifas de energía (gas y electricidad), pero la metodología utilizada para actualizarlas (de una sola vez) produjo resultados que no eran los esperados.
Por otro lado, se presentan marcadas asimetrías en los costos del gas y de electricidad también para las distintas regiones argentinas. Durante la semana, el empresario de medios y millonario Daniel Vila dio a conocer que por su departamento de más de 700 metros cuadrados en una de las zonas más caras de Argentina (el barrio de Palermo en CABA) pagó $97. Cuando en regiones del interior (como el NOA), llegaron facturas a sectores medios por más de $3.000. Subir las tarifas de una sola vez ha llevado a que las unidades familiares y las empresas revean presupuestos para hacer frente a diversos gastos y consecuentemente releguen consumo e inversiones a la espera de que haya mayor previsibilidad.
Esta situación da pie a conocer el segundo error a la vista hasta el momento. La división del manejo de la economía en numerosos ministros no ha mostrado hasta ahora resultados satisfactorios. Desde un punto de vista político, se trató de evitar la figura del "superministro de Economía", tan común en las últimas décadas de la Argentina y con resultados dispares en diversos momentos.
Inicialmente se había planteado como algo positivo el hecho de dividir la toma de decisiones económicas en numerosas carteras. Si bien esta decisión puede ser positiva en una economía que se encuentra en una etapa "normal" de funcionamiento, en la economía argentina actual ha llevado a tomar decisiones descoordinadas y que muchas veces demoran o son contradictorias.
Ahora bien, la situación económica actual necesitaría de toma de decisiones plenamente coordinadas (lo que no se está viendo) o bien que sean realizadas por una persona de forma tal que controle los efectos de las mismas. Esto permitiría manejar mejor los tiempos y mostrar el poder de decisión necesario en este momento para empezar a despegar.
Las declaraciones oficiales se inclinan a pensar que con la operatoria del blanqueo de capitales, se va a producir un ingreso de dinero que permitirá financiar la obra pública y los desajustes actuales hasta que la economía empiece a crecer.
Esperemos que así sea.

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