Las mayores preocupaciones de fondo del Gobierno nacional son la inflación y la desocupación. Son temas mayores, serios y perentorios.
Sabemos que la desocupación se combate con inversiones que crearán nuevas fuentes de trabajo. Después de la salida del default y tras haber logrado normalizar la política cambiaria, empezamos a notar que se inició un proceso de oferta de financiamiento que por ahora lo están aprovechando el Gobierno nacional y las provincias.

La especulación

Existen distintos tipos de inversiones; las financieras, a través de la compra de títulos públicos u obligaciones negociables que no se traducen en obras de infraestructura o capital físico de empresas. Se trata de inversores que solo especulan con la política monetaria.
Este periodo de altas tasas de interés y con la cotización del dólar tendiendo a la baja, justamente, el que genera el clima propicio para que capitales "golondrina" e improductivos obtengan grandes ganancias en muy poco tiempo.

La inversión productiva

Lo que nos interesa son las inversiones productivas, es decir, las que generan valor agregado, fuentes de trabajo y producen riquezas que aportan impuestos para el funcionamiento del Estado.
Para atraer inversiones no solo es necesario la buena voluntad del Gobierno sino crear las condiciones de seguridad y confianza que el capital exige, en un marco donde la economía crezca en forma sustentable acompañada del aumento en cantidades significativas del consumo interno y así generar nuevas fuentes de trabajo y hasta excedentes exportables.
No será un trabajo fácil estimular la inversión de capitales productivos con iniciativa propia, desde la óptica de los empresarios e inversores locales con un mercado interno amesetado y con las elevadas tasas de interés que actualmente fueron adoptadas como herramienta antiinflacionaria, pero que no ayudan en nada a cualquier proyecto que se quiera emprender.
Si pensamos en inversiones extranjeras, a pesar de que actualmente las empresas argentinas están muy baratas estimando su costo entre 5 a 6 veces sus ganancias anuales, cuando en Latinoamérica en promedio valen 10 veces, hay un problema que a veces unos dirigentes no entienden y muchos otros entienden pero se hacen los tontos: los últimos 25 años de economía criolla fueron deprimentes, hasta para el más optimista.
La Argentina no tuvo su economía ordenada, agregó el default, el corralito, el cepo cambiario, entre otras decisiones caprichosas a veces, desesperadas, otras.
Para una empresa que quiere invertir mucha plata, y a largo plazo, la desconfianza es algo que no se borrará de un día para el otro. Necesitaremos tiempo y hacer muy buena letra.

Fragilidad laboral

Actualmente el Gobierno se muestra muy optimista asegurando que en esta nueva etapa de cambio, después de sincerar la economía, logrará ofrecer condiciones de confianza para invertir, lo que garantizaría la creación de empleos.
Los empresarios argentinos, especialmente los de las pequeñas y medianas empresas (pymes), están preocupados por la baja del consumo, un fenómeno considerado por el Gobierno como "circunstancial".
La baja productividad de sus empresas, ocasionada por la alta tasa de ausentismo, el aumento de los juicios enmarcados en el sistema de riesgos laborales y la cantidad de productos importados de Brasil y China, en la mayoría de los casos a precios de dumping, afectan directamente a la preservación y creación de nuevos empleos. Son temas que el gobierno de Mauricio Macri tendrá que corregir en el corto plazo para tentar a que nuevos emprendimientos se instalen en nuestro territorio.

Un blanqueo oportuno

Una de las formas de conseguir financiamiento más económico, que se sumará a lo que ya obtuvo por otra vía, y lograr a la vez el ingreso de nuevas inversiones productivas, consiste en repatriar capitales de argentinos que están en el extranjero, el Gobierno al anunciar un nuevo blanqueo de capitales que incluirá una amnistía fiscal, una moratoria impositiva y el pago de sentencias a favor de nuestros jubilados, quiere hacer ingresar al circuito formal, según estimaciones oficiales unos US$ 70.000 millones de los casi US$ 400.000 millones que poseen nuestros compatriotas en el exterior (o bajo el colchón).
Además del "dulce" de algún estímulo en las tasas y de las ventajas propias de un blanqueo, Alfonso Prat Gay utiliza también el "garrote". Con el escándalo de los Panamá Papers y el levantamiento del secreto bancario en Suiza, son los mismos países los que reclaman la transparencia de ese dinero. El primer día de enero, la Argentina ingresará en un sistema internacional de intercambio de información y los que tengan capitales fuera del sistema "no tendrán dónde guardarlos", advirtió el ministro.
Este dinero se podrá ingresar al circuito formal de nuestra economía a través del pago en efectivo o con la compra de bonos emitidos por el Tesoro, tendrá diferentes alícuotas según el tipo de inversión que se realice; los proyectos productivos serán premiados y no habrá un costo adicional si el dinero que se exteriorice queda en el exterior.
Reconozcamos que con esta medida se está beneficiando a los que no cumplieron con las leyes tributarias, abriendo la expectativa y el antecedente en los contribuyentes de que en algún momento pueden ser perdonados por evadir impuestos.
Pero también debemos entender que en el mundo cada vez es más difícil mantener dinero en negro por los controles que hay sobre el narcotráfico y el financiamiento terrorista, razones por las cuales y según la opinión de varios analistas este blanqueo en Argentina es una medida positiva y oportuna de lo que se esperaba de este Gobierno.
El blanqueo de capitales es una medida que se está generalizando a nivel mundial ya que cada vez será más difícil tener cuentas en el mundo sin declarar, por lo tanto, nuestro país no puede permanecer pasivo.
Si se logra que ingresen capitales al circuito formal de nuestra economía como pretende el Gobierno, recordando que hoy las reglas de juego son más creíbles que durante la gestión anterior, tendremos la seguridad que la financiación de obras contempladas en el Plan Belgrano y muchas otras de infraestructura serán una realidad.
Existe un clima inversor muy positivo, tanto de argentinos como extranjeros, solo piden tiempo para ver cómo avanza el reordenamiento o reacomodamiento de nuestra economía, esperan señales de seriedad institucional, que bajen los costos financieros y que se vean seducidos con obras de infraestructura que apoyen el crecimiento.
Si esto se cumple tendremos en muy poco tiempo un país distinto, con crecimiento, baja desocupación, disminución de la pobreza, recursos humanos y naturales sobran, a ver si lo logramos.

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Sección Editorial

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Ernesto Ordoñez
Ernesto Ordoñez · Hace 6 meses

¿las reglas de juego son mas creibles? Para los delincuentes y especuladores financieros dirá. Esta mas flaco que el gordo Porcel.


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