"Desde el 2007 que vengo reclamando justicia. Desde el 2011 esperando la elevación a juicio contra un gitano vendedor de vehículos radicado en Salta, a quien adquirí de contado un camión Ford 350", dijo Fortunato Farfán, un conocido transportista de hortalizas, hoy devenido en peón rural.
El hombre, de 66 años, dijo estar quebrado no solo económicamente sino psicológicamente, por el tiempo que le llevó un reclamo que a ojos vista tenía todas las pruebas de una estafa consumada.
"Hemos llevado al titular de un registro automotor a declarar, al propietario de una concesionaria de camiones de alto prestigio, a los carteros que les llevaban las intimaciones y no sé cuantas pruebas más, pero el gitano, que tal parece tiene inmunidad diplomática, jamás fue detenido.
Mi esposa y yo viajábamos de Perico a Salta una y otra vez hasta que la perdí para siempre. No es justo, quiero morir pero antes recibir justicia, porque este hombre (Gustavo L.) me dejó en la calle, convertido en un peón rural para poder sobrevivir.
Ayer recibi la notificación que después de 9 años se sorteó la causa entre los distintos fiscales y recayó la responsabilidad de la acusación en la fiscal de General Gemes, de quien espero fije fecha para la audiencia final y no espere que la causa se cierre por la extinción física del querellante.
De nada me sirve ya el camión, pero sí saber que en Salta nadie tiene coronita y que la Justicia aunque lenta le dé un escarmiento ejemplar a este timador profesional, finalmente", dijo ayer a El Tribuno.
La historia
Fortunato Farfán tiene 66 años y es de Perico, Jujuy.
En el 2007 vino a Salta y pagó con un cheque al día por la compra de un camión Ford 350 a un comerciante de automóviles que pertenece a la comunidad gitana.
A pesar de los innumerables reclamos y litigios nunca recibió los papeles y jamás pudo circular con el camión por las rutas argentinas.
Me estafó y por eso perdí mi fuente de trabajo; nadie puede confiar una carga a un camión que no tiene papeles, seguro, nada. O sea, no puede salir a la calle. Mi esposa no aguantó tantos problemas y le dio un infarto. Toda la familia está destruida, queremos una solución desde la Justicia, que tuvo el expediente cajoneado casi una década".
Con sus papeles en mano, cartas documento, denuncias y demás, contó su historia: "Al hombre que me vendió el camión lo conozco desde hace años. Yo siempre le alquilaba vehículos para trabajar en el campo; llevaba y traía a los peones de las cosechas y también otras actividades relacionadas con ese oficio y una vez, con mis ahorros, decidí comprarme uno propio. El me ofreció un Ford 350; hicimos el trato frente a un escribano de apellido Zambrano, donde firmamos el boleto de compraventa. Hice la entrega del dinero por medio de un cheque y el vendedor se comprometió a entregarme en el plazo de dos semanas los papeles del vehículo, con nueva patente, porque la que tenía ya era vieja. Lo que nunca hizo". Luego continuó: "Al principio intenté arreglar las cosas, pero el gitano se negó. Fue ahí cuando recurrí a la Justicia. Tengo todas las cartas documento que le mandé y las denuncias. Mi abogado me dijo que el delito está comprobado, pero que la Justicia tiene la palabra. Yo exijo a la Justicia que me ayude; hace años que tengo el camión parado, perdí a mi esposa y mi trabajo, necesito una solución antes de que me muera de tanto esperar".

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