"Este viejo adversario, hoy viene a despedir un amigo". La frase de Ricardo Balbín resuena en mi cabeza desde que me enteré de la noticia y creo no ser el único exalumno del Colegio Belgrano que esté sintiendo lo mismo.

Trabajador incansable, hombre de Dios, pero fundamentalmente hombre de bien, el cura Jimeno era estricto y de palabra dura, pero nunca hiriente, siempre justo y acertado.

Desapareció físicamente y vamos a extrañar sus caminatas por las galerías del Colegio, el tintinear de sus llaves, siempre que quisiera hacer saber de su llegada, de no, con el sigilo de un ninja, en el momento exacto que uno se aventuraba a lanzar una tiza o pedir la respuesta de la pregunta dos al compañero de adelante, es que Jimeno lo veía y lo sabía todo.

Como todo adolescente discutí con vos muchas veces, creo que mi último año de colegio pasé más tiempo en tu despacho que en el aula y hoy no me arrepiento de nada, me dio la oportunidad de conocerte y aprender algunas cosas de vos: el respeto no se exige, se gana; se predica con el ejemplo y se tiene el corazón siempre dispuesto a perdonar, porque en tu andar diario por el colegio, se hacía carne aquella máxima de San Agustín, tantas veces repetida: "Se enseña por amor a los demás y se aprende por amor a la verdad", ese fue tu norte y jamás desviaste tu camino hasta lograr colocar al Colegio Belgrano como sinónimo de excelencia.

Tu Colegio te va a extrañar mucho, vas a hacer falta, pero podes descasar en paz, porque la comunidad que formaste hoy más que nunca se va a unir y va a seguir trabajando duro, ese es el mejor homenaje que podemos rendirte.

En lo personal, quiero agradecerte porque la casa que vos formaste, fue, es y será siempre mi casa, tenías razón, cuando me preguntan a qué colegio fui, puedo inflar el pecho y decir que fui al Colegio Belgrano, tengo el orgullo de ser parte de la comunidad belgraniana, como segunda generación de ex alumno y como docente, por eso pongo en manos de Dios mi compromiso de trabajar más fuerte que nunca, como oración por tu bien merecido descanso.

Estarás siempre entre nosotros, en cada asado entre ex compañeros, en cada 28 de agosto, en cada charla en la sala de profesores.

Hoy la leyenda del "cura Jimeno" cobra real dimensión entre quienes tuvimos el placer de conocerlo, hoy pasamos a ser "la vieja guardia del Cura Jimeno", vamos a seguir cuidando la casa, haciendo limpiar los escritorios garabateados, no sentándonos en las mesas, limpiando el aula antes de salir, dejando todo en el aula, dando todo por nuestros alumnos, intentando parecernos un poquito a vos, aunque es difícil, porque nos dejaste la vara muy alta.

Hoy no se apagó un faro, se encendieron miles en los corazones de tus de alumnos.

Hasta pronto Padre Jimeno.


Martín Marongiu

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