El discurso inaugural del presidente Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa ha generado razonables expectativas, sobre todo luego del sainete en que se convirtió el traspaso de mando y nos tuvo en vilo varios días.
Los macristas fueron ingenuos: dieron a la presidente saliente ocasión ideal para una postrera manifestación de fuerza casi con efecto de jaque... si no fuera por la torpeza del bloque del FPV, asumiendo dócilmente la orden de no concurrir a una asamblea paradigmática que no requería quórum especial.
Empate técnico y un dato a considerar: la presencia de numerosos legisladores nacionales del Frente preanuncia la dura puja por el control del PJ. Esto, dicho sea de paso, obligará a sancionar una puntillosa ley especial para evitar en el futuro esos desaguisados.
Confrontación abrumadora

Sin embargo, abruma que Cristina Fernández haya dejado una última muestra de su percepción política, confrontativa y engañosa.
Ninguna novedad, después de todo, ya que la división se ha profundizado en los últimos cuatro años.
Al nuevo gobierno le corresponde asumir tareas muy difíciles en todas las áreas de gobierno, desconociendo cuál es la herencia recibida sin beneficio de inventario.
La alocución -de muy razonables 45 minutos- tuvo muchos párrafos para desmenuzar, pero referiré solo tres aspectos que parecen centrales.
El primer gran desafío será informar al pueblo argentino, con el mayor rigor técnico y objetividad posibles, dónde estamos parados y si, por ejemplo, es cierto que -más allá del relato- la deuda pública argentina supera los US$200.000 millones y el BCRA está seco.
Esos datos condicionarán todas las políticas que requiere una sociedad con altos niveles de pobreza y economía estancada.
Seguro que la réplica puede ser durísima en la medida que haya explicaciones razonables.
En esto no caben chicanas "a lo jefe de gabinete": con la verdad no se teme ni ofende y la Provincia de Buenos Aires hará la punta.

Prueba de fuego
Otra cuestión sensible, con capacidad de arriesgar la estabilidad institucional, será establecer cuán dispuesta está la Casa Rosada de llevar a la Justicia a los funcionarios corrompidos y sus socios capitalistas. La sociedad clama por un "nunca más" contra la corrupción, punta de ovillo de la inseguridad y el narcotráfico, cuya real penetración imaginamos pero desconocemos.
Para ello es indispensable una justicia absolutamente rápida, eficaz e independiente.
Un último aspecto para remarcar en esta nota, refiere a la necesidad de reconstituir el debilitado tejido social. [Me ocupé ya de la concepción agonal de la política kirchnerista y su destructiva lógica amigo - enemigo en un artículo anterior: "El fin del kirchnerismo y el PJ", El Tribuno 03/12/15].
Mauricio Macri ha invocado en numerosos tramos de su discurso su vocación por la unidad: "Ese objetivo -dijo promediando el discurso- de unir a los argentinos, de poner nuestros puntos en común sobre nuestras diferencias, integrándolas y respetándolas, es la clave de la construcción de la Argentina del Siglo XXI a la que nos encaminamos hoy. Se viene un tiempo nuevo, el tiempo del diálogo, del respeto y del trabajo en equipo, tiempo de construcción con más justicia social".
Para lograrlo no son suficientes las buenas intenciones sino acciones concertadas al efecto.
Arturo Frondizi
Le doy crédito por la cita que al final hizo de Arturo Frondizi ("Por su magnitud el desafío que nos aguarda no es cosa de una persona ni de un grupo de personas, es tarea de todo el pueblo argentino e implica también una responsabilidad compartida por todos"); ese pensamiento estuvo al inicio del legendario discurso de asunción del expresidente, el 1 de mayo de 1958, cuyos veinte puntos clave circulan profusamente en las redes sociales.
Resulta inevitable un paralelo entre ambas épocas.
Por cierto que el mundo de entonces y el de ahora son sustancialmente distintos.
Sin embargo y lamentablemente, las características de la sociedad argentina se parecen bastante.
Frondizi quería cerrar la antinomia peronismo - antiperonismo; tan es así que accedió a la primera magistratura con los votos del partido proscripto, venciendo así al candidato de la UCRP (quien recién 16 años después se animó a despedir como amigo al viejo caudillo), apoyado por la Revolución Libertadora.
PJ y UCRP contribuyeron al paulatino desgaste del gobierno desarrollista hasta el golpe de marzo de 1962.
Ojalá no se repita la historia.
La brecha insoportable
Una Argentina dividida entre kirchnerismo y antikirchnerismo no nos conduce a nada.
En los primeros dos capítulos de aquel discurso (Introducción y Bases políticas del desarrollo nacional), Frondizi propuso otras consignas para superar enfrentamientos estériles: gobernar sin enconos ni prejuicios; no usar la Casa Rosada para hacer política de partido, terminar con el clientelismo, evitar la discrecionalidad, respetar celosamente la división de poderes, libertad y orden como cara y cruz de la misma moneda, garantizar la seguridad jurídica, ofrecer estadísticas oficiales irrefutables, promover el federalismo económico, no redistribuir la pobreza.
Seguí las dos ceremonias en el Congreso y en la Casa Rosada a través de Telesur, con invitados y libretos similares a los utilizados por la estructura mediática del gobierno ido.
De terror.
Comprendí en toda su dimensión cuánto costará reconstruir la paz social y no solo en nuestro país.
Aparte de la cita frondicista, Mauricio Macri sumó otro compromiso más trascendente, que ojalá haya dimensionado en su magnitud, al haber juramentado por Dios y los Santos Evangelios.
Él y la Patria, así como lo ayudarán, le demandarán.
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Sección Editorial

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