Bailón Barbier tiene 78 años. Es el cacique de la comunidad wichi de Kilómetro 1, muy cerca de Misión La Paz, en Santa Victoria Este, departamento Rivadavia. Tiene a su cargo cerca de 80 personas, que estuvieron, junto a las comunidades de Kilómetro 2, San Emilio y Rincón de la Paz, sin agua durante tres semanas, con temperaturas que rondan los 50 grados.
"Acá, como en nuestras comunidades vecinas, tenemos problemas con el agua, que llega poquito desde Misión La Paz", dice y señala un pocito cavado junto a una manguera que hace de grifo y que pusieron para aprovechar las gotas que se le escapan a la precaria instalación. También hay una cosechadora de lluvia, que dejó el secretario de recursos hídricos Alfredo Fuertes. "Somos muy agradecidos, pero el problema es que no está lloviendo y entonces los tachos no juntan agua", dice don Bailón.
"El año pasado habían prometido que iban a hacer pozo aquí, porque el agua viene de La Paz, pero cuando falla la bomba nos quedamos sin nada. En eso estoy pensando hace mucho: no se cumplen los compromisos. El intendente me dijo que para hacer un tinglado yo les haga hacer a los changos ladrillos de adobe, que él los iba a pagar con algunos bolsones, pero no pagó nada y tuve que poner de mi bolsillo y ahí están los adobes. Eso es lo que yo no entiendo", reflexiona.
Otro problema que aqueja al experimentado cacique es la educación. "Hace mucho tiempo que venimos pidiendo un anexo de escuela, porque acá tenemos muchos chicos", explica. Según los vecinos, los chicos van a la escuela de Misión La Paz, a unos dos kilómetros de la comunidad. "El problema es que cuando hace mucho calor los chicos no van. Cuando hay lluvias, el camino se corta con el agua. Se inunda y no deja pasar a los chicos. De la intendencia decían que iban a mandar una máquina para que rellene, pero no se cumple. Los que son más grandes si van a la escuela, pero los más chicos no, porque puede haber animales por el camino, borrachos, motos", definió.
"Mandamos cuatro notas pidiendo un anexo. Hay como 45 chicos de los grandes que van a estudiar, pero a los más chiquitos no los mandamos. Recién los mandamos cuando cumplen siete años, por la distancia y por el tema del río y el camino, que es peligroso", destacó Bailón Barbier. "Yo no voy contra el Gobierno, ni contra el intendente. Solo pedimos que cumplan sus promesas. Cuando falla la bomba no tenemos agua. Estuvimos tres semanas sin agua... Acá nunca hemos hecho protestas, aunque necesitamos algunas cosas. Pero el intendente se olvida bien de nosotros. Hay otros que siempre hacen protesta, pero nosotros somos tranquilos y no queremos problemas, pero nadie nos atiende", asegura Barbier.
"Este camino es un peligro. Puede cruzar un animal. Tenemos miedo por el tema del río que está cerca del camino y no sabemos si se pueden ahogar los chicos y por la distancia uno siempre se entera cuando es tarde. Por ese motivo no mandamos a los más pequeños", expresó por su parte José Verón, padre de cinco hijos. "Acá con la lluvia quedamos aislados. Tenemos radio, pero la ambulancia no puede llegar", agregó.
"No protestamos y tenemos paciencia. Otros quieren cortar caminos y nosotros queremos diálogo", terminó Verón.

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