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Eulogia Tapia, figura del arraigo y la cultura
"Ese no es el sauce de mi casa porque esta no es mi casa", disparó rápido Eulogia Tapia, la pomeña.
Un perro peludo, el alfar inclinado, una casa de adobe descascarada y unas cuantas herramientas de arado tiradas conforman el patio de la Eulogia, esa legendaria inspiración de Manuel J. Castilla y de Gustavo "Cuchi" Leguizamón, quienes rodearon de una magia especial a aquella joven pastora que conocieron en el lugar.
"El sauce de tu casa te está llorando, porque te roban, Eulogia, carnavaleando", dice la tercera estrofa de la canción a la que alude.
En el fondo de la entrada, a unos 200 metros, los cerros coloridos son el telón de las ruinas del Pueblo Viejo. Pero más allá de la postal, esa no es su casa, sino que la arrienda.
Ella nació en Saladillo, en el sector norte de La Poma. Es allí donde lloraba su sauce y donde sus ojos negros se le azulaban.
"Todos los que vienen a conocer la zona y a conocerme, creen que yo soy rica", dice muy seria frente a la vivienda, que tiene una vista directa al cerro Acay. "Se sacan una foto y luego se van y yo no sé qué hacen con mi imagen", dice. Eulogia entonces se pone firme. Es pequeña de estatura, pero en ese momento pesa la leyenda y cualquiera se vuelve cauteloso. Hace unos días se subió al escenario de un festival para entonar sus coplas y se mantiene "picante," por lo que nadie, aún, se le anima al contrapunto de la broma casual.
Y la verdad es que esta mujer, que cobró notoriedad para siempre a partir de la zamba en su nombre, sigue la misma vida desde que nació, no recibe ningún beneficio especial, trabaja para sobrevivir y a la comida no la sobrevalúa, sino que la comparte.
La fuerza de su personalidad
Es curiosa y mantiene una velocidad mental asombrosa. "Vos poné que yo tengo más de 100 años", le ordenó aEl Tribunoesta musa que también inspiró a Fontanarrosa. Da unas vueltas como midiendo a su interlocutor y pregunta, muy seria, de dónde viene el visitante. Al instante regala una sonrisa.
Lo concreto es que mucha gente llega hasta La Poma a preguntar por ella. Luego se dirigen hasta donde vive y lo primero que le toman es una fotografía, y si bien no siente que le roban el alma, ella siempre pregunta qué hacen con su imagen, algo que considera injusto y la entristece.
"¿Un vinito pa'' la próxima? Una damajuana tráeme, chango", y suelta al galope su risa. Ella no quiere que le paguen por foto, ella quiere regalos porque le faltan muchas cosas materiales.
"Yo no tengo más que mis chivas. Mis dos hijas y mi esposo me ayudan porque yo soy pobre", repite, mientras se pelea con el fotógrafo por la secuencia interminable de disparos. Es que Eulogia emociona hasta las lágrimas, es un ser mítico, pleno de energía, pero cuyo entorno rebela porque cuesta aceptar que la coplera más famosa del mundo vive en condiciones muy precarias.

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