El agua bajó pero el olor a barro podrido y a heces impregnó las humildes casas inundadas el sábado pasado en ampliación de villa Juanita, 16 de Septiembre, El Milagro, 9 de Julio, entre otros barrios de la zona este de la ciudad. Por eso los vecinos piden con urgencia un camión atmosférico para que desagote los pozos ciegos y un contenedor, donde poder tirar lo que ya no sirve. Fue la primera tormenta de la temporada y muchos de los que viven cerca del canal Tinkunaku perdieron prácticamente todo, ahora temen por enfermedades.
"Hicimos el pedido ante la Municipalidad de Salta pero nadie nos contesta. No sabemos adónde hay que ir. Con el pretexto de la transición, de que ya asume el nuevo intendente esta gente quedó a la deriva. El sábado, por el corte de calle, entregaron 20 cuchetas y colchones, pero después no volvieron más. Además de la ayuda social acá se necesita realizar fumigaciones, limpieza de las casas y del canal, entre otras tantas cosas", señaló Marta Cruz Yebara, coordinadora del Centro de Desarrollo Comunitario San Juan Bautista, ex-Padre Ernesto Martearena.
"Hay mucha basura y bichos y ahora viene el calor y los chicos corren peligro", advirtió Miriam Vargas, que tiene una nena de 6 año con la que va y viene del centro comunitario a su casa. Es que además de no terminar de limpiar y lavar debe cuidar lo poco que le queda.
A Santos Vera, también evacuado, la rabia la invadió. "Vivo acá hace más de 20 años y siempre es lo mismo. No necesitamos migajas de pan, cuchetas y colchones cada vez que llueve, necesitamos obras públicas: la canalización del Tinkunaku que es el causante del desastre y que enripien las calles. No pedimos que nos regalen nada, queremos pagar y vivir dignamente como seres humanos". Mónica Huaranca y José Vilca aún no pueden ni entrar a su pieza en la calle Ambrosetti al 1900 de barrio 9 de Julio porque sigue con agua. "Esta vez el agua tapó la ventana y seguimos esperando que baje", contaron.

Pedido de donaciones
Las vecinas Yolanda Flores, Sixta Maigua Aramayo, Mabel Chauque, Rocío Cruz, Elvira Barros, Cándida Viveros y Graciela Arapa ya están cansadas se volver a comenzar una y otra vez. De hacerse con mucho sacrificio de cosas nuevas para después con la lluvia perderlas. De rellenar sus terrenos pero igual inundarse. Están hartas de tener que vivir con el temor a que llueva. Ellas y sus familias están alojadas desde hace tres días en el centro comunitario de villa Juanita. Allí se organizan a diario en la limpieza y la cocina. Ayer, con donaciones de la gente que se acerca a colaborar, lograron hacer un estofado de alitas de pollo y sopa.
Además de mercadería, verduras y carne para la alimentación diaria, los evacuados necesitan artículos de limpieza (lavandina, fenelina), jabón en polvo y elementos de higiene personal.
Montañas de ripio sobre una calle
Tras la intensa lluvia, la avenida Delgadillo estuvo dos días intransitable. La avenida Delgadillo, que divide villa Mitre de Floresta, en la zona este de la ciudad, estuvo durante dos días prácticamente intransitable debido a que había quedado cubierta de ripio tras las intensas precipitaciones del sábado pasado. Lo cierto es que ayer operarios trabajaron en el lugar para despejar la calzada y normalizar el tránsito vehicular.
"Siempre es lo mismo. Cada vez que llueve fuerte se lavan las calles de villa Floresta y todo el ripio cae sobre la Delgadillo y las calles de subida de villa Mitre", contó Nora Carrasco, una vecina.
Esta vez el amontonamiento de árido fue terrible. Hubo embotellamiento de camiones pesados que justamente utilizan a diario esa vía para entrar o salir de la ciudad. Carrasco comentó incluso que un camión se atascó durante horas.
Ni hablar del estado de las empinadas calles de villa Floresta. En tanto, en villa Mitre, ayer, El Tribuno pudo ver que las calles seguían con piedras y restos de sedimento.
Por la tormenta del sábado, la zona este de la ciudad fue la más golpeada. Es que las casas de la ampliación de villa Juanita y alrededores quedaron bajo las aguas. Pero los vecinos de villa Floresta también sufren por las lluvias.
Por la ubicación de la barriada en pleno cerro, las casas ubicadas sobre la avenida Delgadillo reciben el agua de arriba. Además se torna peligroso, por las piedras. "Estamos acostumbrados, pero deberían estar más atentos porque la verdad esta vez causó mucha dificultades", agregó Carrasco.

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