La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1977, proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer, eligió esta fecha no solo para recordar a las cientos de trabajadoras neoyorkinas que murieron incineradas, por luchar por trabajo y salario digno; se proponía reivindicar a todas aquellas mujeres que lucharon y se movilizaron en distintos lugares del mundo por mejoras salariales, el derecho al voto, la reducción de jornada y condiciones laborales dignas. Cada año, en la lucha feminista se agregan nuevas demandas por los derechos no alcanzados.
Si bien se sigue trabajando para acelerar la agenda 2030 para el desarrollo sostenible e impulsar la aplicación efectiva de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, bajo la iniciativa "Demos el paso" -de ONU Mujeres- y otros compromisos existentes en materia de igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres y los derechos humanos de las mujeres, es imprescindible que nos comprometamos a afianzarlas en las agendas locales de las provincias.
Cada conmemoración es particular nos trae a la memoria a miles de mujeres que luchan día a día con valentía y determinación, para ser parte de una sociedad más igualitaria. Quiero destacar hoy el caso de una maestra rural salteña.
Evelia Murillo en Salta es heredera, como tantas otras mujeres anónimas, de estas trabajadoras textiles, maestra de 44 años, quien ejercía su docencia en la escuela albergue del paraje wichi El Bobadal, de Tartagal.
Evelia fue víctima de femicidio -que constituye la máxima expresión de violencia hacia las mujeres-, el 3 de octubre de 2014, por resguardar a una joven y darle albergue en la escuela para evitar que sea abusada sexualmente por un hombre.
La docente fue asesinada a la vista de sus alumnos en su lugar de trabajo, en las condiciones ínfimas y sin ninguna seguridad, expresión acabada de la precariedad laboral que soportan tantas docentes rurales.
Su muerte pone de manifiesto la compleja situación que sufren las mujeres en todos los ámbitos: públicos y privados, a Evelia la asesinaron en su lugar de trabajo, como a las trabajadoras neoyorkinas.
Con este asesinato se visibilizó la desigualdad laboral, la segregación ocupacional, como también la marginalidad de los pueblos originarios y el sexismo de las que son víctimas todas las mujeres por el solo hecho de ser mujer. Su victimario José Tomás Cortez, imputado por el delito de "homicidio calificado por violencia de género en concurso real con amenaza con arma de fuego en grado de autor" en perjuicio Evelia Murillo, será juzgado el próximo 6 y 7 de abril en un juicio oral y público ante la Sala I del Tribunal de Juicio de Tartagal.
Si bien existen logros alcanzados en la lucha por la igualdad de las mujeres, en los espacios políticos, económica, social y cultural hoy la interpelación pone en escena al Poder Judicial a fin de alcanzar que se efectivice los derechos humanos de las mujeres, se aplique la figura del femicidio, en los casos previstos por la ley.
El petitorio de la sociedad es que se haga Justicia por Evelia símbolo de tantas maestras rurales que trabajan por vocación -que va de suyo- y por una mejor remuneración y para que no sea un slogan: una vida libre de violencia para todas las mujeres.
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