Famoso por su historia, su arquitectura, su vida cultural y por ser uno de los barrios más liberalizados del mundo en cuanto a la actitud hacia la prostitución, las drogas y la diversidad sexual, el barrio rojo de Amsterdam está situado en el centro histórico de la ciudad. Allí empezó a trabajar como prostituta con solo 16 años, Mariska Majoor, quién con el tiempo se convirtió en la directora del Centro de Información de la Prostitución, situado en el corazón del barrio rojo. En pleno debate sobre la prostitución callejera en Salta, Majoor habló con El Tribuno sobre las posibles soluciones para no clandestinizar esta práctica. "Creo que hay que tener en cuenta los derechos humanos cuando se habla de prostitución y cualquier ciudad civilizada del mundo tendría que hablar con las prostitutas y proponerles opciones. Además, con la crisis económica que reina, muchas chicas ven en la prostitución una forma de ganar dinero y sobrevivir", dijo la especialista.
Agregó que "lo van a seguir haciendo, legal o ilegalmente. Si se prohibe la prostitución en la calle, eso no quiere decir que vaya a desaparecer, sino que será más clandestina, con las consecuencias que eso comporta. Yo creo en la habilitación de sitios seguros para que trabajen. Un barrio rojo siempre funciona, aunque a veces me gustaría que en Amsterdam, las ventanas donde se exhiben las trabajadoras no estuvieran a la vista". A cerca de los proxenetas y la jerarquía dentro del mundo de la prostitución, Majoor expresó: "Los proxenetas están prohibidos y si alguna prostituta se siente coaccionada puede ir a la policía para pedir ayuda. Esa es la teoría, aunque en la práctica esto no sucede así. El hecho que en Holanda la prostitución sea legal provoca que la prostituta no necesite a nadie que la organice. Lo contrario puede generar la existencia de una organización mafiosa, aunque en honor a la verdad, aunque sea legal también existen mafias. La presencia de estas organizaciones criminales creo que está, en muchas ocasiones, en la vida privada de las trabajadoras". Sobre si la prostitución ilegal fomenta estas mafias, dijo que "sin duda, cuando la prostitución es ilegal, le estás dando el control a las mafias. También hay que decir que el hecho de legalizarlo tampoco hace desaparecer el tráfico de mujeres, igual que prohibir la prostitución no la hará desaparecer"
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Maricel: "Alquilo mi cuerpo y ofrezco un servicio social, no todo es sexo"
En pleno Barrio Rojo de Ámsterdam, por sus callejones teñidos de luces púrpura y olor a humo de cannabis que emanan los cofee shops, comencé a preguntarles a las prostitutas si alguna era argentina. Ellas, con señas, me fueron guiando por algunos callejones hasta la vidriera donde estaba Maricel, mi compatriota del Litoral. Dos hombres hacían una "vaquita" en la puerta de vidrio. No llegaban a juntar 50 euros para el servicio y ella no abriría el paso si no pagaban antes. Dantesca escena. Había una excitación obstinada en uno de ellos que casi le lloraba a la impactante morocha argentina para entrar a sus aposentos. Como mirando una película, me quedé esperando en la vereda que el coito ajeno pasara. Ebrio de placer, el cliente salió a la calle acomodándose los pantalones. Minutos después, ella enroscó la cortina que tapaba la vidriera y accedió a charlar brevemente conmigo, por 20 euros.
¿Cómo llegaste desde Corrientes a este callejón de Holanda?
Me contacté con una travesti que contrataba prostitutas en El Gondolín, en Buenos Aires, para colocarlas en París. Entonces Chichí o "la mami", como le decíamos, me llevó a París. Yo trabajaba mucho y la mayor parte de la ganancia se la llevaba ella. Por eso me cansé. Un día aproveché la oportunidad y me tomé un tren a Amsterdam. Acá me contacté con la oficina de turismo sexual que dirige una exprostituta, Mariska, y me ubiqué en una vitrina del barrio rojo hace ya dos años y medio.
¿Chichí es la proxeneta que está presa en París desde 2013?
La misma. Creo que es de tu provincia. La pescaron pocas semanas después que yo me fui. Y creo que sigue presa porque la ley es muy dura en París.
¿Acá te persiguen o maltratan?
No. Nadie puede hacerlo e inclusive la policía lo tiene prohibido y en caso de necesidad deben contar con una autorización judicial para registrarnos. La policía solo debe controlar que todas las trabajadoras sean mayores de 18 años y que tengan autorización válida para trabajar en Holanda, sobre todo en cuestión de salud.
¿Cómo es tu rutina?
Empiezo mi día a la madrugada. Vengo aquí y limpio cuando no hay tantos turistas tomando fotos. No me gusta que me saquen fotos sin preguntar. Pero la gente no entiende, todos quieren llevarse la foto como souvenir y siempre temo que mi imagen termine en manos de mi familia. Por eso estoy "tuneada", me cambié bastante. Después, desde la mañana puedo tener clientes. Duermo entrecortado.
¿Cómo te sentís cuando los turistas te miran?
Muy mal pero me acostumbré. Si no muestro, no vendo. Me siento mal porque pasan niños, ancianas, mujeres, todos pasan por aquí. Me molesta cuando se burlan y se ríen. Hay mucho pendejo europeo que viene en patota a molestar, sin dinero para pagar.
¿Y tu familia?
En el Litoral. Ellos no saben que hago esto. Se muere mi abuelita si se entera. Creen que estoy por el mundo con una empresa de cosméticos.
¿Cuánto se cobra y qué te piden?
50 euros por 30 minutos sexo básico, normal y rápido, pero no todos los clientes quieren sexo. Muchos quieren un masaje, o masturbarse. En Amsterdam aprendí que la prostitución no siempre es sexo. Yo alquilo mi cuerpo y mi tiempo. Ofrezco un servicio social, muchos vienen a charlar, a que los escuchen y pagan por eso.
¿Volverás a la Argentina?
Tal vez un día vaya de visita.

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