Extravagancias berretas

Eduardo Antonelli

Extravagancias berretas

Cuando Marx escribió El Capital -y también en obras anteriores- llevó adelante lo que él consideró una crítica demoledora contra el capitalismo al que acusaba de explotar sin misericordia a los trabajadores.
Es bueno tener presente, sin embargo, que Marx se esforzó en tratar de probar sus hipótesis que los trabajadores eran explotados, vale decir, se les pagaba menos de lo que valía su trabajo con ayuda de la Teoría del Valor Trabajo desarrollada por David Ricardo, teoría que sostenía precisamente que todo el valor de los bienes producidos se originaba en el trabajo, por lo que sostenía Marx como a los trabajadores se les paga un salario que es inferior al valor del producto elaborado, la diferencia, o sea, la ganancia del empresario, constituye una explotación al trabajador. Marx remataba sus ideas exigiendo la destrucción del sistema capitalista, destrucción que debía ser violenta, a través de la lucha de clases. El comunismo soviético y otros similares carecían de un "libreto" respecto de cómo organizar las economías los famosos "qué", "cómo" y "para quién" producir porque Marx no dijo nada al respecto y "el camino hecho al andar" por el socialismo real no era muy transitable que digamos.
El populismo, en cambio, no sólo hace agua en el manejo de la economía sin siquiera mantener una mínima cosmética en términos de ausencia de desempleo e inflación, sino que su justificación se basa en un discurso difuso, mezcla de un anti-
imperialismo obsoleto y un nacionalismo berreta, junto a mucho resentimiento, aunque es justo reconocerle cierto parecido con el socialismo marxista en cuanto a su discurso violento y confrontativo. Por supuesto, el populismo también tiene en común que inevitablemente fracasa estruendosamente, víctima de sus inconsistencias. No obstante, su ventaja respecto al socialismo marxista, es que, al menos en algunas economías, logra, luego de que otros gobiernos reparen algunos de los gigantescos desaguisados que genera, volver, aunque sólo para que las sociedades que increíblemente les han dado un nuevo respaldo, deban, como Sísifo, recorrer nuevamente el inútil camino de una nueva frustración.
¿Cuánto cuestan las aventuras socialistas y populistas?
A diferencia de las propuestas socialdemócratas que en una gran parte de Europa han logrado -no sin críticas y desaciertos- una verdadera mejora en el bienestar de sus sociedades, las aventuras del socialismo marxista y el populismo han costado carísimo, tanto en forma directa, como indirecta o en términos de costo de oportunidad, vale decir, las pérdidas por no haber seguido el camino correcto. En el caso del socialismo, las pérdidas se pueden cuantificar porque mucha de la producción se lograba con el doble de recursos necesarios. En el caso de los populismos, el costo directo de las torpezas "antiimperialistas" puede cuantificarse, por ejemplo en el caso de la experiencia argentina de la "década ganada", con el costo adicional que representa la "picardía" de no haber pagado la totalidad de la deuda externa en su momento y haber desaprovechado las oportunidades de lograr un acuerdo razonable. También en los gigantescos despilfarros en las empresas públicas, las muertes debidas a la corrupción, las expropiaciones violentando los contratos, las ventas de dólares a futuro a precios reducidos, el personal redundante incluido en la administración pública, etc. Sin embargo, hay una pérdida extra, que se puede cuantificar en términos de ingreso por habitante, comparando el que tiene actualmente Chile, que ha superado el de la Argentina, con el que podría tener la economía argentina si se hubiera mantenido por encima del país vecino, como históricamente fue.
Si las aventuras extravagantes del tipo del socialismo marxista y el populismo las pagaran sus mentores, todo estaría bien. Sin embargo, al menos en la Argentina, muy pocos han ido presos, no digamos por hacerle pagar a la sociedad todas las enormes torpezas cometidas por su incompetencia, sino siquiera por los delitos "explícitos", como coimas o enriquecimiento ilícito. Muy probablemente nunca se dé una compensación a la sociedad por estas aventuras absurdas y costosísimas, pero al menos queda el consuelo que esa misma sociedad no consienta ser engañada en el futuro con nuevas y gravosas facturas a su cargo.

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