En el pueblo de Morillo, en el seno de una familia wichi, el martes pasado, a las 14.30, murió un bebé llamado Maximiliano Flores.
Tenía un año y cuatro meses y había nacido con microcefalia, pero recién los médicos se dieron cuenta del diagnóstico a los seis meses debido a que los padres insistieron con que notaban algo raro en su pequeño, según afirmaron sus familiares.
Cuando el bebé murió pesaba siete kilos y medio y se alimentaba por sonda.
Cristian Flores, papá del nene, relató: "Cuando nació nos dijeron que el bebé estaba bien y después se dieron cuenta a los seis meses de que no, a pesar de que el doctor es un profesional. Ellos (por los médicos del hospital de Morillo) informaron mal".
El niño había estado internado entre enero y abril pasado en el Materno Infantil. Después iba y venía a la ciudad. "En el hospital nos dijeron que no iba a aguantar mucho, que el bebé necesitaba una operación en la cabeza muy costosa. Nosotros somos muy humildes y no la podíamos pagar", señaló el hombre.
Agregó: "Nos daban los medicamentos pero a la casa nunca fue un agente sanitario ni una nutricionista, yo tenía que darle los medicamentos. Por eso pido que se mejore el hospital de Morillo, que haya más profesionales para atender a la gente".
Anoche, El Tribuno intentó comunicarse con autoridades de Salud pero no respondieron.
Reynaldo Ferreyra, presidente de una organización de Rivadavia Banda Norte que nuclea a 26 comunidades wichi, pidió mayor asistencia del Estado en la zona. "Hace mucho tiempo que tenemos problemas en el hospital. Faltan medicamentos y por ahí no hay ambulancia".

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