Este es el mes de Felix Coro, un popular luthier salteño que ya está organizando su acostumbrada fiesta de cumpleaños con música y amigos para el 30 de este junio y, mientras, sigue fabricando bombos, charangos, ukeleles y guitarras en el legendario taller de la calle Jujuy, que también fue el lugar donde su bisabuelo, su abuelo y su padre ejercieron el singular oficio de ponerle cuerpo a la música, de tensar las cuerdas sobre los brazos, y los parches en las cajas y los bombos.
Generaciones enteras aprendieron a tocar con los instrumentos de los "Coro". Su hijo Federico sigue con la tradición de luthería y sus nietos Gastón y Franco garantizan un futuro promisorio a este artesanal oficio que más se hermana con el arte que con la obligación.
Por eso hoy nos visita Félix, y nos refresca su linda historia de luthería.

Sabemos que estuvo enseñando luthería en otra provincias, ¿cómo fue esa experiencia?
Fui convocado por el Ministerio de Cultura y llevé mis conocimientos a las escuelas de Luthería de Buenos Aires, Córdoba, Jujuy y Tucumán, para explicar el método de fabricación, el modo que empleo que es el antiguo sistema español. Consiste en un molde plano de madera con contorno para contener la guitarra que se moldea a fuego.

¿Cómo aprendió ese método?
Lo aprendí de mi bisabuelo, de mi abuelo y de mi padre. Antes doblaban con forma de guitarra un hierro maciso que se calentaba a rojo y ese era el molde que se utilizaba para hacer la guitarra. Mi abuelo era Felix Coro y mi padre Lorenzo Coro, todos estamos signados por la luthería, mi hijo Federico también se dedica a este oficio, aunque cada uno le va poniendo su estilo propio.

Entonces es una herencia que se renueva siempre...
Afortunadamente sí. Yo soy más clásico, en cambio mi hijo Federico es más moderno, hace charangos y bombos con una impronta muy personal, con pirograbados, los lustra y quedan una verdadera maravilla. Es que los jóvenes tienen otras ideas, saben lo que gusta.

¿Y aprenden por necesidad o por vocación?
Esto es artesanal, te tiene que gustar. Por necesidad nomás no sirve hacer este trabajo porque a la larga se fracasa. Mis nietos Gastón y Franco, hijos de mi hija mayor, Grabriela, están aporendiendo luthería y son muy habilidosos y voluntariosos, me sorprenden; así que, si Dios quiere, hay Coro para rato. La luthería es un arte que se transmite, que hay que contagiar la satisfacción para que no se pierda.

Con la crisis que se vive, ¿la gente compra instrumentos?
Está un poco difícil la cosa. Estamos haciendo los instrumentos más económicos que son los que sirven para estudiantes de música. Fabricamos guitarras, bombos, charangos, ukeleles, y los hacemos con garantía, a un precio muy razonable. Este es un trabajo muy lindo, ojalá mejoren las cosas.

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