Ningún recuerdo provoca en los presentes la mención del Movimiento 26 de Julio, pero se miran entre ellos como cuando pasaban al frente del aula sin saber la lección. Están celebrando sus bodas de oro de egresados. Alguien recuerda el secuestro de Fangio en La Habana en algún año de aquella adolescencia compartida y lejana, de algún año como 1958, quizá, o 1959; otro setentón calvo menciona, como una revelación mística, un nombre: Kaiser Carabela, un lujo, el primer auto de lujo argentino. Las evocaciones de adolescencia continúan, la sorpresa de una revolución en Cuba, el significado que entonces otorgaban a esa épica distante, un romanticismo a la violeta, una solidaridad que no tenían clara, una borrosa visión del combate entre el bien y el mal y el vago rostro de alguien que surgió victorioso de una lid que tenía a 82 hombres armados de un lado y a todo el ejército cubano del otro. Un revolucionario barbudo y un puñado de hombres formaban parte de ese recuerdo que regaló a aquellos adolescentes palabras extrañas como revolución, reforma agraria, paredón. En la bruma de olvidos de otro concurrente aparece la figura de un Kennedy presidente de los Estados Unidos y de una Argentina con un presidente Frondizi. Aquellos adolescentes, hoy con canas, entablaban combates en las calles defendiendo la enseñanza libre o la enseñanza laica, según el caso. Tiempos en que pensaban que universidades privadas todavía inexistentes arrasarían con las universidades nacionales gratuitas y de ingreso irrestricto como las que gozaba este país. Tiempos que en Cuba un borroso Fidel Castro encabezaba combates con otros objetivos y los recuerdos brumosos dejaban asomar fusilamientos, renuncias y emigración. La isla era el Caribe, según el manual de las películas de Hollywood. Un canoso memorioso, aficionado a la política, que había llegado tarde a esa reunión de Alumni, comenzó a pontificar que desde Frondizi, incinerado en su encuentro con el Che Guevara, hasta hoy habían desfilado quince presidentes constitucionales, incluidas dos mujeres y siete presidentes de facto, colocados en ese cargo por fuerzas militares. No se animó, o no supo, enumerarlos. De Kennedy a Obama fueron diez, agregó con voz algo más baja.
El nombre de Fidel Castro salía de los recuerdos para instalarse como sinónimo de Cuba.
Y Cuba se metamorfoseaba en una tierra prometida donde la educación era gratuita y de calidad y la medicina hacía avances asombrosos. La conversación se animó un poco más y surgieron nombres; el diputado César Jaroslavsky dijo uno, la Dra. Hilda Molina apuntó otro, aunque no recordó ni la edad ni el nombre de la madre de la doctora. La niebla del recuerdo se disipaba a ratos: la mortalidad infantil se había reducido a un porcentual idéntico al Canadá pero con un presupuesto mucho más bajo. De repente la neblina se disipó por fin cuando comenzaron a recordar sus vidas durante este siglo XXI. Algunos, no todos, empezaron a viajar a la isla a pasar sus vacaciones; algunos, no todos, regresaron narrando contradictorios sentimientos. Describiendo diferentes realidades de la cubana ínsula. Algunos acordaron que era contradictorio causar la felicidad de las generaciones futuras matando a los egoístas que existen en el presente. Una voz cascada, cansada, se alejaba mientras iba afirmando que Fidel Castro seguía siendo un nombre que buscaba contradicciones, nunca resueltas del todo.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia


JUan A. Cornejo
JUan A. Cornejo · Hace 5 días

Muy bueno pero en resumen la gran contradicción es que todo lo que decían que ivan hacer , lo hicieron al revés ,por 50 años no hubo prensa libre , ni un partido opositor , 3000 muertos por no pensar como ellos ) sin levantarse en armas ). Medicina Gratis ? Pregúntale a los cubanos ! 1 millón y medio que se fueron en bote de mala muerte a Miami ( los zurdos nuestros se van ida y vuelta e business clas ) y no a Cuba sino a Miami .


Se está leyendo ahora