Después de varios años sin la presencia en nuestro país del Fondo Monetario Internacional (FMI), es interesante analizar el origen, algunos datos y funciones que cumple el organismo. Los años posteriores a la gran depresión de 1930, los países del mundo empezaron una guerra de proteccionismo para salvaguardar sus economías. La idea para crear el FMI se planteó en 1944 en una conferencia de las Naciones Unidas cuando los representantes de 44 países acordaron establecer un marco de cooperación económica destinado a mantener un contexto favorable para el desarrollo del comercio mundial. Según sus estatutos, "el principal propósito del FMI consiste en asegurar la estabilidad del sistema monetario internacional, es decir el sistema de pagos internacionales y tipos de cambio que permite a los países (y a sus ciudadanos) efectuar transacciones entre sí." En 2012, el FMI actualizó su cometido a fin de cubrir toda la problemática de la macroeconomía y del sector financiero que incide en la estabilidad económica mundial. También, el "FMI otorga financiamiento con el fin de dar a los países miembros margen de maniobra para corregir sus problemas de balanza de pagos (cuando se van más dólares que los que ingresan en un país por un periodo de tiempo determinado); las autoridades nacionales, en estrecha colaboración con el FMI, formulan programas de ajuste respaldados con financiamiento del FMI; la continuidad del respaldo financiero está condicionada a la implementación eficaz de estos programas."
Hoy en día este organismo cuenta con 188 países miembros de los 195 en el mundo (son los que reconoce la ONU, incluyendo el Vaticano y Palestina), y entre ellos se encuentra la Argentina. Para poder llevar a cabo su objetivo, este organismo revisa las políticas públicas aplicadas por los países, así como a la situación económica y financiera nacional y regional a través de un sistema formal de supervisión. Casi todos los países miembros del organismo multilateral permiten estas inspecciones, con la excepción de Venezuela, Somalia, Siria, República Centroafricana y Eritrea. Si, leyó bien, Venezuela es miembro también. Si bien con el correr de los años el FMI se ha convertido en el objetivo más frecuente de las críticas de la izquierda, su nacimiento no fue concebido en contra de las ideas de los socialistas ni fue criticado por ellos en aquel momento. Es más, su autor intelectual Harry Dexter White, estuvo sospechado de ser comunista y colaborador de la entonces Unión Soviética; país que firmó el primer acuerdo del FMI. La relación de Argentina con este organismo comienza el 20 de julio de 1956 siendo el miembro número 59. A lo largo de la historia existieron encuentros y desencuentros. La relación empeoró cuando el endeudamiento de la Argentina se volvió crónico (desde los años 70). Desde ese momento hasta el año 2006, este organismo tuvo una participación activa en el financiamiento y en la participación de las políticas públicas de nuestro país. Ese año, Néstor Kirchner, una vez pagada la deuda con el mismo y con la intervención del Indec en marcha, decide no recibir a la delegación del FMI, incumpliendo con el artículo IV. A diferencia de lo que nos hicieron creer la última década, en donde las siglas FMI querían ser sacadas de los diccionarios, Argentina siguió siendo miembro de este organismo. A partir de 2013 pesaba sobre el país una moción de censura por la alteración de los datos de crecimiento e inflación. Este año, el Gobierno le abrió las puertas al FMI para que revise las cuentas y estadísticas argentinas, lo que significa solo eso, revisar las cuentas para ver si esta nueva administración posee datos confiables para informar al resto de los miembros, o sea al mundo al cual queremos volver a pertenecer. Es decir, que actúa como un auditor global donde los inversores solicitan datos de los distintos países.

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