Existe un dicho agudo y sentencioso de uso corriente "Nadie es profeta en su tierra", que el tenor salteño Francisco Brito (31) menciona para contar qué impulso lo llevó a radicarse en Italia. Cuando era adolescente, muy de su "Salta cuna de cantores", entonaba los éxitos de Atahualpa Yupanqui, Ariel Ramírez, Cuchi Leguizamón, Los Chalchaleros y Mercedes Sosa. Sin embargo, su papá, José Rubén Brito, pensó que era tiempo de dotar de técnica la virtuosa voz de su hijo y lo inscribió en las clases del tenor Guillermo Romero Ismael. El maestro le recomendó probar con un género de música teatral: la ópera. "Él fue el único profesor que fue directo al grano, porque hay muchos que, no obstante de ser buenos y saber cantar, te hacen dar muchas vueltas. Él, en cambio, me dijo: "Mirá, tenés una voz con mucha potencia para cantar ópera'' y en dos semanas me enseñó la técnica lírica. El haber dado bien mi primer paso creo que marcó mi carrera y mi pasión, que hoy en día son mi trabajo", recuerda Francisco desde la europea Turín.
En Salta, Francisco no tenía una carrera operística propiamente dicha, aunque sí tomaba parte de muchos conciertos organizados por Romero Ismael. "Tuve una actividad concertística muy intensa en mi provincia entre 2002 y 2004. Eso me sirvió para no tenerle miedo al escenario. No me importan el rol ni la ópera que tenga que hacer, entro y no les tengo miedo ni a la gente ni al error", reflexiona. Pasaron los años, los estudios y las prácticas, hasta que en 2004 ganó una beca para la academia de arte lírica en la ciudad de Ósimo (Italia).
"Como dicen: "Nadie es profeta en su tierra''. En Salta no tuve la oportunidad de cantar a nivel profesional, quiero decir, un concierto con la Sinfónica no hice nunca. Sí fui a la Argentina a cantar una obra de Rossini en el Teatro Argentino de La Plata y después en el Teatro de Tucumán, en 2014, que me invitaron con la orquesta de la universidad. Pero en Salta todavía no se me dio la oportunidad, aunque espero que pronto se rompa eso", señaló.
Con el apoyo económico y moral de su familia pudo permanecer en Europa varios años, hasta que su preparación y sus dones se volvieron visibles para los teatros y compañías que empezaron a proponerle roles en diversas obras. En 2006 debutó en el prestigioso "Rossini Opera Festival", en el papel protagónico de Belfiore en "El viaje a Reims", con música de Gioacchino Rossini y libreto de Luigi Balocchi.

Una vocación y un amor

La ópera nació en Italia alrededor del 1600 y ese país continuó desempeñando un rol dominante en la historia del género hasta la actualidad. Las obras de compositores italianos del siglo XIX y principios del siglo XX, tales como Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi y Puccini, se encuentran entre las más famosas jamás escritas y las más representadas en los principales teatros de ópera del mundo. "Me vine a Italia por varios motivos. Primero porque es el lugar donde nacen el canto lírico y los tenores, y yo soy tenor. Cuando acá alguien me pregunta por el folclore le digo: "Tenés que irte para Salta, a la Casona del Molino, y ahí vas a aprender folclore''. No había lugar mejor para aprender la ópera que Italia. Cuando vine acá tenía 18, ahora tengo 31 y he viajado por muchos países", detalló. El universo de patrones discursivos supremos, drama musical, vestuario ostentoso y música orquestal lo han capturado para siempre. "­Me fascina tanto la ópera! Es un desafío con uno mismo, porque lo que hay que cantar es tan difícil, pero tan apasionante a la vez. Me digo ¿puedo hacer esto o no puedo?, y con esfuerzo me di cuenta de que podía. Si bien esta música fue escrita hace tantos años la siento actual cada vez que la canto o la escucho. Yo creo que la ópera se ama o se odia. No hay un punto medio", expresa.
Justamente por este trabajo conoció a la directora de escena de ópera Stefania Panighini (31), con quien se casó hace dos años y con quien tiene una hija de seis meses: Elena.

Más proyectos

El no ser reconocido en la tierra de uno no implica dejar de reconocerse como un embajador de la salteñidad y es una responsabilidad que Francisco asumió con gusto. Cuenta que en Viena (Alemania) grabó un CD con la agrupación Bach Consort, dedicado al folclore de Salta y al que denominó "Vidala". Anticipó que el director y violonchelista argentino Rubén Dubrovsky, quien estudió en Alemania y está radicado en Viena donde dirige el Bach Consort, "descubrió afinidades entre la música argentina y la barroca, por ejemplo entre la cueca y la chacona, y decidimos unirlas en este disco con el que pasearemos por Europa, empezando en noviembre por Weimar". También en su agenda tiene escritas la "Nina pazza per amore", de Giovanni Paisiello en la Opera Giocosa de Savona, el "Signor Bruschino" en La Fenice y un recital del que está ultimando detalles organizativos y que dará en nuestra ciudad en febrero.
"Extraño mucho Salta, las empanadas, los asados de los domingos, la familia y a mis hermanos (somos cinco), aunque en Italia tengo a mi mujer y a nuestra hija", se sincera, antes de que el arte le ocupe todas las emociones nuevamente.
¿Se imaginaba tantos años lejos del pago? "Cuando tenía 14 o 15 años, no tenía bien claro lo que quería hacer, pero despacito, despacito la ópera se hacía parte de mí y mientras el amor por la música crecía el sueño de vivir en Italia o en cualquier parte del mundo se hacía cada vez más concreto y lo podía tocar con la mano. Aunque todavía me cuesta creerlo", dice y agradece a su madre, la artista plástica María Elena Zerdá, y especialmente a su papá "mi mánager, mi mentor, que me llevaba, me traía, me cambiaba de maestros, todo para que yo hiciera música y eso que él es un hombre que toca el timbre y desentona. Tal vez por eso veía el potencial en mí", dijo. Y parafraseando a Cortázar justamente si alguien debe de tener un "basural de explicaciones" consigo es el destino que tanto le sonríe a Francisco.

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Juan Luque
Juan Luque · Hace 27 días

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