El papa Francisco deseó ayer que el "Jubileo de la misericordia (que se abre mañana) haga tomar conciencia entre católicos y ortodoxos de la necesidad de reparar el pecado de la división".
Durante la oración del ángelus en la plaza de San Pedro, el Santo Padre expresó su deseo de que este Jubileo propicie la posibilidad de nuevos pasos en la reconciliación entre la Iglesia Católica y las distintas iglesias ortodoxas.
El cisma entre Roma y Constantinopla se remonta al año 1054.
"Acontecimiento memorable"
Hace 50 años, el 7 de diciembre de 1954, en víspera de terminar el Concilio Vaticano II, según recordó, se produjo "un acontecimiento memorable": una declaración común del papa Pablo VI y del patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras, que "anulaba las sentencias de excomunión" intercambiadas en su momento entre Roma y Constantinopla en el año 1054.
"Es providencial que este histórico gesto de reconciliación, que creó las condiciones para un nuevo diálogo entre ortodoxos y católicos, sea conmemorado precisamente al comienzo del Jubileo de la misericordia", manifestó el Papa.
Saludo protocolar
Por otra parte, el Pontífice agregó que "no hay camino auténtico hacia la unidad sin demanda de perdón a Dios, y entre nosotros, por el pecado de la división".
Las declaraciones de Francisco tuvieron lugar algunos minutos antes de saludar a los jefes de las iglesias ortodoxas, y en especial a su amigo, el patriarca de Constantinopla, Bartolomeo.
Aunque las relaciones de Roma con el patriarca son estrechas, el acercamiento es bastante más difícil con las demás iglesias, especialmente la más numerosa, la Iglesia Ortodoxa Rusa.
A diferencia de los protestantes, los ortodoxos tienen pocas diferencias doctrinales con el catolicismo, y los papas, desde la publicación del Concilio Vaticano II, afirman su ardiente deseo de superar el cisma y de restaurar la unidad.

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