'Dios no tiene memoria del pecado, sino de nosotros, de cada uno de nosotros, sus hijos amados. Y cree que es siempre posible volver a comenzar, levantarse de nuevo'. El papa Francisco le puso fino hoy al Jubileo Extraordinario de la Misericordia no sólo cerrando la pesada puerta de bronce de la Basílica del Vaticano -un gesto simbólico-, sino con un fuerte llamado a mantener la actitud de compasión, perdón y esperanza que caracterizaron el Año santo.
'Pidamos la gracia de no cerrar nunca la puerta de la reconciliación y del perdón, sino de saber ir más allá del mal y de las divergencias, abriendo cualquier posible vía de esperanza. Como Dios cree en nosotros, infinitamente más allá de nuestros méritos, también nosotros estamos llamados a infundir esperanza y a dar oportunidad a los demás. Porque, aunque se cierra la Puerta santa, permanece siempre abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que es el Corazón de Cristo', afirmó Francisco en la misa de cierre del Jubileo, que concelebró con los 17 cardenales de cinco continentes creados ayer en su tercer consistorio.
El rito solemne comenzó minutos antes de las 10 de la mañana (las 6 en la Argentina), cuando, después de leer una fórmula, Francisco, con el rostro serio, concentrado en la oración, cerró la pesada puerta de bronce de la Basílica de San Pedro. Entonces, reinaba un silencio sobrecogedor en el atrio del templo más grande del mundo. A diferencia de lo ocurrido en la ceremonia de apertura, no participó Benedicto XVI, que ayer saludó a su sucesor y a los nuevos cardenales al final del consistorio.
La puerta santa de la Basílica de San Pedro, símbolo del perdón y la conversión, fue la última en cerrarse: en el resto de la diócesis del mundo, donde también se abrieron puertas santas, se habían cerrado el domingo pasado. Se mantendrá cerrada hasta el próximo Jubileo ordinario, previsto para el 2025.
El Año Santo de la Misericordia convocado por Francisco, que comenzó formalmente el 8 de diciembre pasado, se distinguió de los anteriores por su universalidad y por una apertura anticipada por primera vez en la historia fuera del Vaticano. En un fiel reflejo de su visión de Iglesia en salida hacia las periferias, el ex arzobispo de Buenos Aires quiso abrir la puerta santa en la catedral de ladrillo de Bangui, capital de la República Centroafricana, un país pobre y castigado por años de guerra civil, el 28 de noviembre pasado.
Se estima que durante el Año Santo, en el que el Papa sumó a las audiencia de los miércoles audiencias jubilares, los sábados, se estima que cruzaron la Puerta Santa unos 22 millones de personas. Aunque muchos más pudieron hacerlos en las catedrales de sus países, en todos los continentes.
'Muchos peregrinos han cruzado la Puerta santa y lejos del ruido de las noticias has gustado la gran bondad del Señor. Damos gracias por esto y recordamos que hemos sido investidos de misericordia para revestirnos de sentimientos de misericordia, para ser también instrumentos de misericordia. Continuemos nuestro camino juntos', pidió el Papa, en una homilía inspirada en la fiesta de Cristo Rey y centrada en la importancia de la misericordia, siempre
'Este Año de la misericordia nos ha invitado a redescubrir el centro, a volver a lo esencial', afirmó, al recordar que la Iglesia sólo resplandece cuando es 'acogedora, libre, fiel, pobre en los medios y rica en el amor, misionera'. Y que Dios 'está dispuesto a borrar por completo y para siempre el pecado, porque su memoria, no como la nuestra, olvida el mal realizado y no lleva cuenta de las ofensas sufridas'.
70.000 personas
En medio de ingentes medidas de seguridad, unas 70.000 personas lo escuchaban en una jornada fría pero soleada. Entre ellos se destacaban el primer ministro de Italia, Matteo Renzi y el presidente, Sergio Mattarella, así como delegaciones de países como República Centroafricana, Mauricio, Bangladesh y Lesotho, que desde ayer tienen un cardenal. Entre las multitud, de hecho, se destacaban banderas de estos países de la periferia del mundo, ahora presentes en el Colegio Cardenalicio.
Al final de la misa, el Papa firmó la Carta Apostólica 'Misericordia et misera', dirigida a toda la Iglesia para continuar a vivir la misericordia con la misma intensidad experimentada durante el Jubileo extraordinaria, que será difundida mañana. Saludó luego, uno por uno, a los miembros del colegio cardenalicio y tuvo un baño de multitud al recorrer la Plaza de San Pedro en papamóvil, cuando fue aclamado por la gente.

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