El Santo Padre ofició una misa especial en una plaza de San Pedro empapada por la lluvia. La ceremonia abrió formalmente su "revolución de la ternura". Tras la misa se abrió las grandes puertas de bronce de la basílica, a través de las que pasaron más de 10 millones de peregrinos a lo largo del año.
Unos 5.000 policías, carabinieri y soldados adicionales se desplegaron por Roma y se estableció una zona de exclusión aérea para proteger a los peregrinos que llegaban a Roma a pie, por carretera, tren o avión.
Francisco lanzó el jubileo de 12 meses para destacar lo que se ha convertido en un tema clave de su papado: mostrar el lado misericordioso y acogedor de una Iglesia Católica a la que a menudo se conoce más por sus juicios y valoraciones sobre moral.
Tras la misa, Francisco empujó las puertas de la Basílica y las atravesó para simbolizar el peregrinaje de la vida y los sacrificios que, según la tradición católica, deben soportarse para obtener la gracia divina.
Protección del medio ambiente
Por la noche, el Vaticano se centrará en otra de las preocupaciones de Francisco: la protección del medio ambiente. Una coalición de grupos humanitarios ha preparado la proyección de imágenes de naturaleza tomadas por conocidos fotógrafos y cineastas, que se mostrarán sobre la fachada de la Basílica.
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Salvar la tierra es salvar a los pobres
Por la tarde, serán proyectadas sobre la fachada y la cúpula de la Basílica de San Pedro una serie de fotografías en defensa del hombre y la naturaleza.
Con ese inédito espectáculo el Papa argentino desea lanzar un llamado al mundo para que se comprometa en la lucha contra el calentamiento global, en momentos en que se lleva a cabo la conferencia mundial sobre el clima en París.
Las obras de "algunos de los mejores fotógrafos del mundo", entre ellos el brasileño Sebastiao Salgado y el francés Yann Arthus Bertrand, ilustrarán la belleza de la naturaleza así como el drama de la humanidad ante el cambio climático.
"El mundo necesita descubrir que Dios es padre, que hay misericordia, que la crueldad no lleva a ninguna parte, que la condena no ayuda", confesó Francisco en una entrevista a la revista "Credere", el semanario oficial del Jubileo.
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Año Santo "extraordinario"
El primer Año Santo de la era Francisco se celebra 15 años después del jubileo del año 2000 convocado por Juan Pablo II y tiene un carácter "extraordinario" a diferencia del "ordinario", que se organiza cada 25 años.
Este jubileo fue fuertemente deseado por Jorge Mario Bergoglio para conmemorar los 50 años del Concilio Vaticano II, que modernizó a la Iglesia.
Al menos 21 actos han sido programados con las familias, los jóvenes, los diáconos, los sacerdotes, los enfermos y discapacitados, los catequistas y los presos.
El papa Francisco va a cumplir una serie de visitas privadas para mostrar con hechos concretos la solidaridad con los pobres y olvidados. "Un viernes al mes el papa Francisco cumplirá un gesto de misericordia", anticiparon los organizadores.
Inmediatamente después del Angelus, los peregrinos podrán comenzar a cruzar la Puerta Santa. De acuerdo con la tradición de la Iglesia, cruzar esa puerta permite a los católicos recibir la "indulgencia plenaria" para el perdón de sus pecados.
Cinco días después, el 13 de diciembre, por primera vez en la historia, las puertas santas de todas las catedrales del mundo se abrirán, entre ellas la de Roma, San Juan de Letrán.
Otras innovaciones han sido introducidas para este jubileo: el Papa autorizó a los sacerdotes a perdonar a las mujeres que han abortado.

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Sección Editorial

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Julian Centella
Julian Centella · Hace 11 meses

El mundo está necesitado de misericordia, misericordia que es el amor en acto, concreto, real. El Papa quiere decirle al mundo que es ese amor el que debe primar: el amor que acorta distancias, que da calidez, que supera toda ley. La misericordia de Dios acerca y ayuda al encuentro. En un mundo convulsionado por guerras, el Papa nos invita a vivir un año de reconciliación. Lo propone para el mundo, pero la propuesta es también importante en nuestra propia Argentina, herida y fragmentada. La mayor herencia que tenemos que asumir para que pueda ser redimida es la enemistad que hay en muchos, en nuestro pueblo, en nuestras familias, en nuestras realidades cotidianas. El camino en este Año de la Misericordia será el de recuperar la amistad social, para saber mirarnos como hermanos, para tener el corazón grande y poder aceptar al otro, para que el diálogo con respeto sea una característica de este nuevo tiempo, y que sea, entonces, un tiempo santo también para nosotros. Para que todos podamos usar la medicina de la misericordia en nuestras relaciones humanas, sociales, políticas. Todos somos testigos de que más que nunca nuestra Argentina necesita usar y encarnar la misericordia. Podríamos decir que el único pensamiento que tenemos que tener todos en este momento es el del amor, el de recibir al otro en el amor. Que podamos manifestar en obras, actitudes, criterios y corazón la misericordia del Padre que no le niega a nadie su amor, y que hace llover sobre justos y pecadores la gracia de Dios. Dios ama siempre, Dios ama primero y a todos. Esto es fuente de consuelo. AMEN.


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