Los niños cantan con fuerza una canción que les enseñó su maestra de primer grado y acompañan cada estrofa con el movimiento de cabecitas y brazos. Terminan la estrofa en español y la repiten en chané y así por varios minutos. Al concluir esperan la aprobación de Catalina Huenán, la directora de la escuela de la comunidad Tuyunti, quien los aplaude y abraza.
En ese gesto, la docente no hace más que expresar su alegría porque los más chiquitos, a la vez que aprenden, se aferran a su idioma materno y con ello a la cultura de este pueblo milenario al que todos, incluida la licenciada Catalina Huenán, pertenecen con tanto orgullo. Aprender sin dejar de lado su idioma es una forma de defender la tierra de sus ancestros, donde los caciques Cochou, Vocapoya o Tuparé dieron sus vidas para que hoy las nuevas generaciones defiendan su cultura y se proyecten hacia un futuro cada vez más promisorio. Todo está en sus manos, porque crecer sin dejar de lado la identidad social y cultural, respetando la riqueza natural que les ofrece la Madre Tierra, es responder con firmeza a los desafíos por ser y sentirse chané.

Pionera en interculturalidad

Cuando Catalina Huenán era estudiante del secundario comenzó a trabajar como maestra de educación bilinge, para apoyar a los maestros de grado de la escuela de su comunidad. Necesitaba imperiosamente contribuir a que los niños que asistían a la escuela San Miguel Arcángel no dejaran de utilizar su lengua materna y, por el contrario, sumaran a los contenidos curriculares los saberes propios del pueblo chané. Catalina, como era de esperarse, egresó de quinto año y estudió para maestra, pero siguió con su formación profesional hasta obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación. Hoy ocupa la dirección de la escuela de la comunidad Tuyunti y es acérrima defensora de la interculturalidad que promueve desde que era adolescente. "Cuando hablo de estos temas me entusiasmo porque hay tanto para contar, pero sobre todo, tanto para enseñar a nuestros niños. En esta escuela desarrollamos varios proyectos, entre ellos una de reforestación de la planta de yuchán que nuestra comunidad la utiliza para la elaboración de máscaras, las que el común de la gente conoce en tiempos de carnaval y que lucen los que bailan el pin pin", explica y recuerda con afecto a la religiosa Micaela Leonor Sosa, quien la incentivó para proyectos de interculturalidad bilinge.

Ama- íya y Yanderu-tumpa

Cartillas, libros de lectura y los más diversos recursos utiliza la escuela para preservar el bagaje cultural de los alumnos chané del que Catalina Huenán es una especialista. "Nuestro pueblo es politeísta, porque cada elemento de nuestra tierra tiene su protección. Al pie del cerro donde todavía quedan los cercos, está para nosotros la otra dimensión. Allí vivían nuestros ancestros, al lado de la vertiente de agua, pero cuando los franciscanos comenzaron a construir las casillas, la comunidad se vino más cerca del pueblo de Aguaray", relató.
Al pie del cerro y en esa otra dimensión que menciona Catalina y que podría traducirse como el lugar sagrado de la comunidad, existe una gruta en honor a Ama-iya, la protectora o diosa de la lluvia. "Cuando nuestros ancestros buscaban que Yanderu-tumpa (el Dios Padre) mandara la lluvia, se hacía el ritual en ese lugar. Uno de mis paisanos tenía un contacto directo con la naturaleza y era el encargado del ritual, rodeado de toda la comunidad. Lo que sucedía era increíble y milagroso, porque durante el ritual la chicha (bebida fermentada en base a algarroba o maíz) se evaporaba hacia el cielo. Era un hombre tan sabio que conocía con precisión el día en que iba a caer la lluvia, así que la gente preparaba sus huertas y su siembra. Ese hermano ya no está y solo algunas ancianas de la comunidad lo recuerdan del tiempo en que ellas eran niñas".
Creencias como las que Catalina relata y que se mixturaron con el catolicismo con el que los franciscanos evangelizaron a los chanés son muchas, pero a la vez siempre hay un punto de contacto, algo que relaciona a las creencias que en definitiva no son tan diferentes. El cuidado de la tierra y de los recursos naturales en general, la especial atención a los niños y embarazadas, el respeto a los ancianos en quienes aún se deposita el conocimiento ancestral del pueblo chané, todo es importante y es por eso que los chicos de la escuela de Tuyunti aprenden canciones sobre los seres vivos que rodean a este grupo ancestral tan valioso y sus voces se elevan con fuerza en español, pero con la misma alegría, entusiasmo e intensidad también en lengua chané.

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