Un grupo de jóvenes del Profesorado de Educación Especial, en Embarcación, luchan a diario para derribar las barreras de la exclusión social. Realizan diversas actividades para fomentar la inclusión de la comunidad en el mundo de las personas con capacidades especiales y viceversa. Una de ellas fue una gran feria de la que participaron más de 350 chicos.
Los jóvenes cursan el primer año del profesorado, que se dicta en el Instituto Superior de Formación Docente. La mayoría de ellos conoce de cerca las barreras sociales a las que deben enfrentarse día a día no solo las personas con discapacidad, sino también sus familias.
"Casi todos los que cursamos la carrera contamos con alguien en nuestra familia o bien amigos con algún tipo de discapacidad. Eso nos permite ver a diario las diferentes barreras físico-sociales y/o culturales a las que ellos se enfrentan. Y, por supuesto, eso nos deja un sentimiento único y especial por esta profesión que elegimos", contó a El Tribuno Lizia Mendoza, una de las impulsoras de esta iniciativa.
Movidos por este espíritu inquieto, los jóvenes se plantearon ir más allá de las aulas y que sea la misma comunidad la que se integre a un mundo tan nuevo como único y, por qué no, extraordinario.
Así surgió la idea de realizar una feria que resultó todo un éxito, con la participación del doble de chicos de lo que esperaban, tanto del pueblo como de zonas aledañas.
Pero no sólo la gran convocatoria superó las expectativas de los jóvenes, sino también la respuesta de la comunidad. Fue muchísima la gente que se movilizó para ayudarlos.
El Club Sportivo Embarcación cedió sus instalaciones para que los chicos pudieran divertirse en un lugar seguro.
Con las donaciones de los vecinos de varios barrios del pueblo prepararon una chocolateada y un almuerzo para todos.
La Municipalidad local les cedió un transporte adecuado para trasladar a los niños desde sus hogares hasta el club, ya que algunos no pueden moverse por sus propios medios o son de muy escasos recursos.
Profesores y directivos de la escuela especial local colaboraron para cuidar a los chicos, mientras que varios profesionales del hospital San Roque y una ambulancia los acompañaron por si se presentaba alguna emergencia.
Voluntarios de la Iglesia Presbiteriana local se vistieron de payasos y se llevaron todos los aplausos y cientos de sonrisas.
Los jóvenes organizadores, en tanto, se dividieron por grupos para atender a los niños según la edad, desde aquellos dedicados a la estimulación temprana hasta adolescentes y adultos.
"Organizar este evento no fue fácil. Fue todo un desafío. Y, si bien la mayoría de los gastos corrió por cuenta propia, recibimos una respuesta única y el incondicional apoyo al pueblo de Embarcación", dijo Lizzy.
Y agregó: "Inundaron nuestro corazón de alegría y ternura. Queremos que esta sea la primera de muchas otras jornadas más para todos los chicos de Embarcación".

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