Si algo sabemos gracias a Galileo es que la ciencia ha avanzado, a menudo a pesar de encontrar la enorme oposición del poder. Hace ahora cuatro siglos, Galileo Galilei llevaba ya unos años luchando contra la cerrazón vaticana a entender que los descubrimientos del anteojo astronómico, la nueva ciencia que surgía de la interrogación de la naturaleza y de la búsqueda de las causas y los procesos eran parte del propio plan de Dios. En la carta que le escribe a Cristina de Lorena, gran duquesa de Toscana en 1615 intenta, precisamente, desmontar la tesis de San Agustín de que la Naturaleza no contradice las Escrituras, ni podría hacerlo. Y que, por ende, quienes afirman lo contrario a lo que aparece en los textos sagrados están del lado del demonio. Con Tertuliano, el sabio pisano cree que hay que leer la verdad de los hechos naturales, que son la expresión del diseño de Dios. Y es en esta carta donde concluye: "Repetiré aquí lo que he oído a un eclesiástico que se encuentra en un grado muy elevado de la jerarquía, a saber, que la intención del Espíritu Santo es enseñarnos cómo se va al cielo, y no cómo va el cielo". Esa confrontación teológica y filosófica es la base del debate que llevará a Galileo a enfrentarse al tribunal de la Inquisición desde las primeras investigaciones promovidas a instancias del cardenal Bellarmino en 1611 hasta que en 1633 se produce la condena y se le obliga a comparecer, de rodillas y en medio de la iglesia de Sopra Minerva en Roma, para leer su abjuración, y proceder luego al retiro con la absoluta prohibición de publicar nada. Si tenemos a Galileo como uno de los padres de la ciencia, por sus investigaciones y su divulgación científica (en la que también fue pionero, utilizando la lengua romance para acercar los nuevos conocimientos a la gente y desterrando el latín que mantenía el corralito académico y culto), hemos de tomar casi al científico como uno de sus santos más excelsos, sin duda por la paciencia de soportar durante dos decenios la vejación a que le sometió un sistema político y económico, la Iglesia Católica, que veía que las tesis galileanas eran revolucionarias al exigir necesariamente un replanteamiento de la teología como razón de Estado. Y casi martir, algo de lo que no se libró a las puertas del siglo XVII Giordano Bruno.El filósofo e historiador Antonio Beltrán en su necesario texto Talento y poder: historia de las relaciones entre Galileo y la Iglesia Católica (Laetoli, 2007) establece una documentada tesis: Galileo no se aparta de Dios sino que, para él, la explicación copernicana del movimiento de los planetas, así como las explicaciones de la mecánica y las otras ciencias, y que sus reflexiones filosóficas y teológicas al respecto del alcance de lo que está descubriendo son sin duda mucho más acertadas y serias y acordes a la filosofía cristiana que la oposición vaticana. Simplemente se ve atacado por el fundamentalismo ignorante y retrógrado.

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Luis Ricardo Díaz
Luis Ricardo Díaz · Hace 9 meses

GALILEO FUE UNA VÍCTIMA MÁS DEL HISTÓRICO OSCURANTISMO DEL VATICANO QUE LO ENCERRÓ PARA NO PERMITIR EL AVANCE DE A CIENCIA. LA IGNORANCIA DE LA GENTE (LOS TONINI, LOS MONTALDI, LOS GARCÍA BES, LOS CORNEJO Y LA LARGA LISTA DE OTROS OPAS SALTEÑOS) HA SIDO Y ES FRUTO DE LA MENTALIDAD ATROFIADA DE LA IGLESIA, LA QUE PARA NO PERDER PODER SIEMPRE HA DEFENDIDO LO INDEFENDIBLE, COMO EN EL CASO DE GALILEO, A QUIEN, EL PAPA, CUATROCIENTOS AÑOS DESPUÉS LE PIDE PERDÓN. ¡QUÉ HIPOCRESÍA! ¿NO? SI NO HUBIERA IGLESIA, INSTITUCIÓN NEFASTA, ESTARÍAMOS VARIOS SIGLOS MÁS ADELANTE.

Francisco Paz
Francisco Paz · Hace 9 meses

El argumento con el cual, Galileo, sostenía el heliocentrismo era el de las mareas altas y bajas. Decía que el sol provocaba las mareas, lo cual no es verdad (Las mareas son provocadas por la luna). Lejos de tener instrumentos de precisión para comprobar y sostener su teoría, en su tratado Sidereus nuncius, pone el sello del Vaticano para darle peso y seriedad al mismo. Este hecho hizo que fuera llamado a un tribunal para que retirara su tratado, que supuestamente fue aprobada por el Vaticano cuando no fue así. Después de casi 100 años se pudo obtener una pista indiscutible sobre el heliocentrismo. ¿Que pena le dieron a Galileo? La pena que le dieron en el tribunal fueron salmos penitenciales, que una vez acabados, él mismo continuo recitándolos. ¿Casi mártir? Galileo siguió con su vida investigando como lo venia haciendo. Murió a los setenta y ocho años, en su cama, con la indulgencia plenaria y la bendición del Papa. A veces la historia no es como la cuentan...


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