Las columnas políticas de las últimas semanas giraron en torno a algunos individuos que se dedican a las amenazas o al amedrentamiento a periodistas, funcionarios y hasta al mismo presidente. Ya hay procesados y líneas de investigación que, al no descartar ninguna hipótesis, buscan algún un hilo conductor y comprobar una suerte de conjura o complot o si son efectos de un "lobo solitario".
Jorge Luis Borges en su célebre "Los conjurados" define a los conspiradores como aquellos que "han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades", obviamente para tener unidad táctica en el complot intentando que llegue al éxito deseado.
En el prólogo de "Los conjurados", Borges escribió: "Cada obra confía a su escritor la forma que busca: el verso, la prosa, el estilo barroco o el llano".
Como la política argentina suele tener algo del estilo barroco o retorcido, la idea del complot es parte de la vieja lógica de la historia nacional: los débiles y los fuertes cambiando, en silencio a veces o en lo explícito otras, las condiciones de nuestra joven democracia.
Los actores mudos (pero inquietos) serían los conspiradores y los que hablan dicen cumplir un contrato político: "el que gana, gobierna, el que pierde apoya".
Por su parte, Félix Luna cuenta en su autobiografía intimista, "Encuentros", que en la política de esa época, aldeana y riojana, cuna de su parentela, había complots.
Y se pregunta: "¿En qué emplear mejor el tiempo que en la intriga, el chisme y la maniobra política en la que esa gente era ducha?".
El escritor Ricardo Piglia, antes de que la prensa publicara los conatos de "incertidumbres" ambiente, dedicó su lectura a libros sobre complot.
Piglia escribió que en la conspiración hay "relaciones entre economía y complot, secreto y flujo de dinero, la alegoría materialista de las cuentas suizas". Con olfato de crítico literario, descubrió que hay literatura sobre los conjurados que se anticipa o copia de la realidad actual. Hasta ahora, la palabra complot o conjura indica una hipótesis y, no ingresó al lenguaje de la creencia de la opinión pública.
Conjura es palabra que resuena; implica ligarse con alguien mediante juramento para algún fin. La conjura no fue verificada, es solo lenguaje imaginario y sin consenso lingístico para un diagnóstico político.
Somos efectos del lenguaje, disfrutamos desovillando las palabras fuertes o débiles sobre el poder. Pero allí, ya no nos manejamos con la lógica de la política si queremos ir a la cuestión de la conjura, entramos en las leyes del lenguaje que nos hacen "la" idea del complot envía inmediatamente a la situación de que hay una intriga de grupos políticos opositores que quieren mellar la voluntad política y crear un clima de oposición, o sea, que se planifican acciones que solo los conjurados conocen. Y así, en este discurso que pertenece al mundo de algunos argentinos, estaría presente lo que la gobernabilidad legítima debe afrontar.
Hablamos y hablamos como si trasmitiéramos alguna primicia o un hecho que pasó por la regla de la certeza. Las palabras son aparatos de construcción de la realidad e instrumentos del pensamiento de los políticos. Y no olvidar que esos pensamientos tienen sueños y premisas falsas y verdaderas.

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Sección Editorial

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Juan Perez
Juan Perez · Hace 2 meses

lo leí dos veces y la verdad que no entiendo lo que quiere decir, muy linda la oratoria, pero la verdad que no entiendo


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