Luego de una semana y media de ostracismo, Juan Manuel Urtubey reapareció en escena, aunque con una actitud diferente a la que mostraba antes del 25 de octubre. Ayer ratificó su acompañamiento a Daniel Scioli, opinó que "el interior profundo le dará el espaldarazo para ser presidente" y, al mismo tiempo, cuestionó la campaña basada en desprestigiar a Mauricio Macri comparándolo con la Alianza. "Mis hijos votan y, por la edad, ni se acuerdan de De la Rúa", dijo el gobernador salteño y añadió: "El patrón referencial ya no es el Gobierno, sino los candidatos, Scioli o Macri. Gane quien gane, habrá un cambio en la Argentina".
Urtubey había adquirido especial proyección durante la campaña de Scioli, presentándose como el aglutinador de los gobernadores y como la figura destinada a desplazar al kirchenrismo duro.
Hoy, el escenario ha cambiado. La "implosión" del PJ mostró el deterioro del kirchnerismo duro y la fragilidad de La Cámpora.
En la coyuntura previa al balotaje, Sergio Massa emerge como la figura con más credenciales para liderar una renovación peronista que modernice al ya septuagenario partido.
El balance no podía ser más alentador para el ex titular de la Ansés: capitalizó un 22 % de votos genuinos, no perdió identidad peronista al no acordar con Macri, tuvo una excelente elección en Jujuy y en Salta y no abandonó nunca la mesura.
Urtubey no desecha su aspiración de liderar el PJ y de ser presidente dentro de cuatro años. Más bien reforzó ambas aspiraciones. Pero no es el único "challeger" para Massa: Florencio Randazzo ya mostró firme decisión por disputar también a Massa ambos espacios: la conducción del recambio partidario y el proyecto presidencial.

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