Una vez más un grupo de gauchos demostraron ese férreo espíritu que caracteriza a quienes viven en el campo y conocen a la naturaleza como nadie.
Durante casi dos meses, una delegación gaucha proveniente de Córdoba cabalgó hasta cumplir su meta final: arribar a Chicoana para participar del 33º Encuentro de Doma y Festival del Tamal, que se desarrolla a pleno en el pintoresco pueblo, ubicado en el límite entre el Valle de Lerma y el imponente Valle Calchaquí.
Los gauchos fueron recibidos a lo grande en el pueblo. Y no es para menos: durante 50 días cabalgaron desde Calamuchita, en Córdoba.
La delegación inició su viaje desde Villa Yacanto el 10 de junio pasado, con el objetivo primero de llegar a las celebraciones del Bicentenario de la Independencia en Tucumán y participar del emotivo desfile realizado el 9 de Julio pasado en honor a la Patria.
Así lo hicieron y el 11 de julio partieron nuevamente con destino, esta vez, a Chicoana, donde se reencontraron con numerosos amigos de los fortines gauchos locales.
A la cabeza de la comitiva estuvo Carlos Eduardo Recabarren. Gracias a la ayuda y el apoyo de algunos amigos pudieron lograr esta travesía a lomo de mulas y caballos.
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<div>Homenaje en la plaza central de Chicoana.</div>
Homenaje en la plaza central de Chicoana.
Lo acompañaron Ruly Ramón Ramírez, Gustavo Rey, Daniel Gómez y Alfredo Torres.
Esta historia comenzó en la afueras de Córdoba. Carlos Eduardo Recabarren nació en 1961, en Santa Rosa de Calamuchita, donde se crió junto a sus hermanas Isabel, Teresa, Susana e Inés. Su padre, Carlos Humberto Recabarren, y su tío, Jorge Recabarren, desde su infancia le inculcaron el amor y el respeto por las tradición y por la Patria. En honor a ellos, Carlos decidió realizar esta gran cabalgata.
Carlos se desempeñó en numerosas actividades, desde chofer de colectivo hasta empleado municipal, pero siempre vivió rodeado de los quehaceres propios de campo, donde vive hoy junto a su familia

Una sorpresa

Al llegar a Chicoana, Carlos se llevó una enorme sorpresa: sus hijas Carla y Candela lo estaban esperando en la plaza central.
Ellas, emocionadas, recibieron con orgullo a su padre, quien demostró que todo sueño puede hacerse realidad con esfuerzo, valentía y voluntad.

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