En otro contexto menos globalizado sería interesante rescatar aquella vieja frase que decía: "Las deudas viejas no las pago y las nuevas con mucha paciencia espero que se hagan viejas". Hoy es todo lo contrario y en cualquier lugar del mundo, una deuda con sentencia judicial, tarde o temprano habrá que sentarse a negociar, pero no para ver si la pagamos, sino de qué manera la pagamos.
Hasta hace poco estabamos acostumbrados a que el gobierno anterior, con Kicillof a la cabeza y seguramente por instrucciones de la presidenta Cristina Kirchner, con inocentes bravuconada desafiaba al magistrado que la Argentina no iba a pagar la deuda; además, con gruesos calificativos intentaba erosionar la figura del magistrado. Griesa esperó y ahora la deuda impaga, con punitorios, gastos y adicionales es mucho más. En noviembre de 2012, con el fallo en firme, el monto de la sentencia sumaba US$1.330 millones. Un año y medio después, se sumaron intereses caídos y punitorios por US$320 millones, elevando la sentencia a US$1.650 millones. Total la plata es de los argentinos no de Kicillof ni tampoco de Cristina.
Algo similar ocurrió con la deuda del Club de París, cuando al principio el "duro" Axel Kicillof se negaba a reconocerla (representaban cerca de US$5.000 millones) y se terminó pagando casi US$4.000 millones más, con gastos punitorios, compensantorios y todo lo demás.
Por lejos no fue una victoria, al contrario se terminó reconociendo una deuda, que de haberlo hecho en tiempo y forma habría resultado menos onerosa para el país. El financiamiento habría llegado mucho antes, la salida del "veraz" internacional también, los inversores nos habrían mirado con otro interés y lo más importante a un costo mucho menor.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia


Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 9 meses

Excelente nota. Gracias.


Se está leyendo ahora