El aporte K a la gobernabilidad es inestimable. Cada semana nos entretienen con un nuevo escándalo de corrupción, pero si una semana estamos flojos en esa temática ya se encarga Cristina Elisabet de enviar una catarata de jocosos tuits o Guillermo Moreno de protagonizar algunos exabruptos. Mientras tanto pasan a segundo plano los tarifazos, el desempleo, la pobreza, los aumentos de precios, etc. En estos últimos días, como para eclipsar cualquiera de estas preocupaciones, tuvimos el culebrón de Hebe.
Quedamos prendidos al televisor para ver si se nos daba una persecución policial al estilo J. O. Simpson. Nos tuvimos que conformar con una subidita a la vereda y la proclamación de esta epopeya por la madre putativa del parricida Schocklender: "Hicimos una pirueta y dejamos pagando a la Policía". Es probable que uno sea un gorila y tenga una visión sesgada de estas situaciones. El reducido séquito que acompaña estas manifestaciones no es -precisamente- el que genera el recuerdo de las mejores épocas del gobierno K. Quizá donde uno ve un violento atacante de comisarías, otros ven a un Robin Hood; donde uno ve al que se robó la fábrica de moneda, otros ven a un "buen muchacho" de la banda de Rolando; donde uno ve a la funcionaria que escondía fajos de billetes en el baño, otros perciben una genial economista. Repito, quizá sea un gorila, pero yo los tendría escondiditos en alguna bóveda, cripta o en algún convento de clausura. Descartando, ahora el convento de General Rodríguez, que lo único que le quedará de clausura, será una faja. (Salvo por su apoderada que -parece- maneja muy bien la-usura).
Macri debe descorchar champagne cada vez que uno de estos personajes insiste en sus apariciones públicas, persistiendo en sus desatinos (parece que al chiquito Ottavis, ya lo desplazaron de la "militancia", luego de no haber dejado mamarracho por hacer).
Toda la puesta en escena a la que contribuyeron un juez imprudente y una insensata señora; sirvió para mantenernos despiertos y no dejar de recordar los "Sueños Compartidos" que se convirtieron en la pesadilla de los miles que pusieron su esperanza en tener un techo. Una simple nota como la que dio fin al bochornoso episodio, hubiera servido como piadosa cortina para cumplir con un simple acto procesal. Claro está que esos protagonistas lo viven como una gesta gloriosa: "dejamos pagando a la policía" (somos unos piolas bárbaros).
En estos comentarios previos, lo hemos tomado a la chacota, pero tiene su aspecto preocupante: quizá sea un deliberado intento de socavar la democracia, cuestionando sus instituciones. Hebe de Bonafini ya en muchas oportunidades ha demostrado su admiración por la violencia y el terrorismo (reivindicando a las FARC colombianas, a la ETA y al ataque a las Torres Gemelas; entre otras). Es patético observar que denostan a los jueces que ellos mismos nombraron. Quizá sea simplemente la técnica de quien -sabiéndose culpable- acusa al acusador. Técnica que tiene ilustres antecedentes que se remontan al proceso seguido contra Sócrates en el año 399 a. C. Lo primero que hizo Sócrates fue acusar a quien lo acusaba, Meleto (Apología de Sócrates, Platón) y fue utilizada, entre otros, por Luis XVI (Francia, ejecutado el 21 de enero de 1793).
Cristina Elisabet. Presente, señorita
Nuestra inefable expresidenta, no se resigna a ser ex y a su decadente pérdida de protagonismo. Aunque con un ejercicio espasmódico de la política CEFK, se mantiene viva con sus tuits y "su" periodista: Roberto Navarro (alias "El próspero": embolsó doce millones en tres años). En la Justicia se está analizando un grave problema para la hipótesis de llevar a la "señora" a la cárcel. La cuestión radica en que si bien hay espacio físico para alojarla, no hay prisión en la que pueda entrar, también, su "ego". En ese orden declaró: "Más que perseguirnos judicialmente, deberían darnos un Premio Nobel de Economía". Es cierto: solo un genio pudo haber impulsado semejante crecimiento en la economía (la de ella, la de Máximo; Florencia y algunos otros compañeros de lucha). Más correcto sería que recibiera el Premio Nobel de Literatura: nadie duda que la economía kirchnerista fue una excelsa obra de ficción. No hubo cepo, default, inflación ni desigualdad: la pobreza fue de apenas un 5%. Todos los problemas los creó Macri en siete meses. Otros se inclinan por la estatuilla dorada del Oscar como protagonista del más soberbio de los relatos. Florencia Kirchner es la más custodiada de los hijos de la expresidenta: cuenta con 24 efectivos federales que garantizan su seguridad. Su madre, tiene 43 policías distribuidos en tres domicilios y Máximo Kirchner, solo tiene designadas seis personas. ¿Antonito de la Rúa tendrá la misma custodia ¿y Zulemita? ¿y todos los hijos de...?
Napoleón tenía un ejército de 1.000 custodias, exclusivamente para él, en la Isla de Santa Elena. Cristina, que, también, se ha sentido Napoleón, sabe que puede llegar a emular a su ídolo: preso y abandonado por sus súbditos y secuaces.
La semana
Los escándalos mediáticos también relegaron noticias de gran importancia como el anuncio del Plan Nacional de Salud y la visita, en solo una semana, de cuatro altísimos mandatarios: 1.- El presidente de México, Enrique Peña Nieto; 2.- El emir del Estado de Qatar, el Sheikh Tamim bin Hamad al Thani; 3.- Andrej Kiska, presidente dela República Eslovaca (que ahora preside la Unión Europea) y 4.- John Kerry, el secretario de Estado más poderoso del mundo.
Esta semana el Papa Francisco afirmó que existían varias causas para el terrorismo. "Sé que es peligroso decir esto, pero el terrorismo crece cuando no hay otra opción y cuando el dinero se transforma en un dios que, en lugar de la persona, es puesto en el centro de la economía mundial". Y agregó que "la falta de oportunidades económicas para los jóvenes en Europa también es responsable por el terrorismo". Coincidimos con Su Santidad: "es peligroso decir eso"; alguien podría pensar que es una apología del terrorismo.

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