Los británicos resolvieron dejar la Unión Europea y todo lo que ocurra de acá en adelante es imprevisible, pero riesgoso.
La economía mundial ingresa en un frente de tormentas. El referéndum del jueves, en el Reino Unido y en Gibraltar, se pronunció contra la permanencia del Reino Unido en la Comunidad Económica Europea y el primer ministro David Cameron, que había encabezado la campaña a favor de la permanencia, renunció a su cargo.
El Reino Unido se integro a la Unión Europea (UE) en 1973, no así a la comunidad de euro, ya que conserva su moneda, la libra esterlina hasta la fecha.
En 1975 se realizó la primera consulta y el 67 por ciento de los electores aprobó la permanencia.
Hasta el jueves, la expectativa era que el referéndum arrojara un resultado favorable a la integración de Gran Bretaña y aunque se sabía que el resultado sería ajustado, las apuestas que también las hay para estos rubros e la economía y la política- arrojaban resultados contundentes.
El escrutinio fue un baldazo de agua fría: 52 a 48.
Ahora, la renuncia de Cameron es el primer síntoma.
Escocia misma, que apostaba a la permanencia, podría querer independizarse Londres, la vida política del Reino Unido se verá conmovida y la economía ingresa en una etapa de turbulencias.
Los que impulsaron la salida de la Unión Europea, movimiento que se lo conoce con el nombre de "Brexit", sostienen que al pertenecer se reduce la soberanía del Parlamento, podrán controlar más la inmigración, lograrán una mejor posición británica para negociar acuerdos comerciales y una liberación de la regulación y burocracia comunitaria.
En cambio los que defendieron seguir siendo miembros de la Unión Europea sostienen que cualquier pérdida de soberanía en un mundo con varios niveles de organización supranacional se ve compensada con los beneficios de pertenecer a la Unión Europea, alertan de los riesgos para la prosperidad económica ya que estiman que ahora se reducirá el PBI porque aumentarían las barreras comerciales entre el Reino Unido y los estados del Mercado Común Europeo.
La mayoría de los economistas coinciden en que la salida de la Unión Europea disminuiría la capacidad comercial del Reino Unido, ya que entienden que las negociaciones entre Londres y Bruselas perjudicarán a los primeros.
Según un estudio de la London School of Economics (LSE), al Reino Unido se le reduciría la balanza comercial entre un 6,3 por ciento y el 9,5 por ciento, siendo más que significativo el rojo que le produciría.
Según proyecciones del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), entre un 2,1 por ciento y un 3,5 por ciento disminuiría el PBI, ya que se retrotraerían las exportaciones a la Unión Europea que representan el 44 por ciento del total y las importaciones del 53 por ciento desde Europa; también bajarán las inversiones desde el exterior y el comercio a través del Canal de la Mancha, más que estratégico para este país.
Los partidarios del "brexit" también opinan que el Reino Unido no debe formar parte del Espacio Económico Europeo (EEE), y solo conformarse con ser un país externo como lo es Noruega ya que no quieren ceder a la Comunidad competencias sobre inmigración que es uno de los principales objetivos de esta corriente de pensamiento.
Holger Breinlinch, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Nottingham, opinó que la contracción del PBI afectará los ingresos fiscales y perjudicará por lo tanto al déficit estatal, al tiempo que afectará al mercado laboral, aumentando el desempleo y reduciendo los salarios.
Los "brexit" piensan que una caída en la inmigración podría contrarrestar ese efecto, los estudios de Breinlich contradicen esa afirmación.
La inmigración no deja de ser un tema preocupante no solo para los residentes del Reino Unido sino también para toda Europa.
Muchos ingleses opinaron que ahora los problemas migratorios serán resueltos en su país, lo cual podrá beneficiar a los ciudadanos locales, pero pone en serio riesgo la economía en general, ya que disminuirán las cifras de oferta y demanda de sus bienes y servicios.

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