Facundo Cabral, el 9 de julio de 2011 estaba en el lugar equivocado. Había terminado una exitosa gira por Guatemala y cuando se aprestaba a subir un vehículo para ser trasladado al aeropuerto fue alcanzado por un disparo que impactó en su cabeza. Murió en la puerta del hotel, casi sin saber porque. Un pacifista a ultranza había sido alcanzado por una ráfaga de violencia, asesinado a sangre fría y, además, por error. Un hombre ético contratado -para cantar y dar su mensaje- por alguien que -obviamente- andaba en negocios más que turbios. A nueve meses del hecho fue detenido Alejandro Jiménez, costarricense, alias "El Palidejo", apresado mientras navegaba en su barco, en aguas colombianas del Pacífico. En Colombia detectaron rápidamente que era el responsable de la muerte de Facundo Cabral, por lo cual fue enviado a Guatemala, donde se había perpetrado el asesinato.
Hace poco la Justicia guatemalteca, sentenció a Jiménez a 30 años de cárcel por el asesinato de Cabral y otros 20 años por tentativas de asesinato contra el empresario nicaraguense Henry Fariñas, quien viajaba con Cabral en el mismo automóvil y era el verdadero objetivo del atentado. En total 50 años de prisión. Un fallo ejemplar en un país en dónde de acuerdo a un informe de las Naciones Unidas, demostró que mientras el mundo avanza, Guatemala va en retroceso. En Justicia, todo lo contrario.
"Montañita", es un pueblo ubicado sobre las costas del Pacífico, a 200 km de Guayaquil. Allí aparecieron el 28 de febrero de este año los cuerpos asesinados de Marina Menegazzo y María José Coni, de 22 y 21 años, mendocinas que habían ido de vacaciones a Ecuador. La última mirada de las chicas fue el abrupto ingreso al infierno, cuando ellas pensaron que estaban en el paraíso. Hace unos días salió la condena: 40 años para los acusados. Esta pena máxima del Código Penal ecuatoriano, impuesta por primera vez en ese país, recayó sobre Alberto Segundo Mina Ponce (33) y Aurelio Eduardo "El Rojo" Rodríguez (39) como coautores del "doble homicidio agravado por alevosía, despoblado y por aumentar el dolor de las víctimas".
Otro fallo ejemplar en un país castigado por la pobreza, con inequidad en la distribución de los ingresos, discriminación que sufren las mujeres y otros indicadores negativos. Sin embargo la Justicia es inflexible. En esos países se guía por parámetros simples, pero contundentes: prontitud, transparencia y claridad en los fallos judiciales.

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