La segunda mitad del siglo diecinueve y los inicios del veinte fueron portadores de múltiples acontecimientos, entre los que cabe mencionar la génesis de una conciencia humanitaria internacional. La guerra, factor asiduamente presente en la Historia, no ofrece una conciencia de respeto hacia el soldado derrotado, cuya visualización, se ha manifestado raramente en la historia de la humanidad. Solo se registra en hechos caritativos de la Iglesia.
En los ejércitos nacionales el servicio sanitario, bastante descuidado no fue un tema a considerar por parte de las autoridades gubernamentales.
Fue una novedad sensacional que una jovencita inglesa, Florence Nightingale, con unas cuantas compañeras, marchara en el año 1855 a Crimea a curar los heridos y enfermos del ejército expedicionario.
Posteriormente en 1859, un joven suizo de Ginebra llamado Henry Dunant, sin que nadie se lo encomendara, organizó, a la conclusión de la batalla de Solferino, el servicio de salvamento de los heridos que quedaron abandonados en el campo de batalla. Totalizaban 40.000 hombres.
Con la colaboración de campesinos de los alrededores, recogió heridos en cobertizos y establos de las granjas adyacentes. De retorno a Ginebra publicó "Un recuerdo de Solferino". En él pedía la creación en todos los países de comités neutrales para la atención de los soldados heridos. Consideraba que el enemigo desarmado y vencido no debe ser maltratado, puesto que ya no es un combatiente, sino un simple ser humano. El libro de Dunant, lejos de postulados jurídicos o éticos impresionó por su simple espontaneidad. En Ginebra en seguida se formó el Comité de los Cinco, para organizar cuerpos de voluntarios que sirviesen como enfermeros en los ejércitos de cada país.
Dunant recorrió varios países europeos con el objeto de interesar a los gobiernos en la realización de su proyecto. Obtuvo el apoyo de Napoleón III, causante de la vergüenza de Solferino. El comité se convirtió en internacional, y consiguió la reunión en Ginebra de un congreso de diplomáticos, los que reunidos en la Convención de 1864, redactaron un decálogo de artículos en los que se establece la neutralidad de hospitales, ambulancias, médicos y enfermeros. En ella se proponen mejorar la suerte de los militares heridos de los ejércitos de campaña. Así nacía la Cruz Roja Internacional. Más tarde, en la Convención de 1906, como homenaje a Suiza, el artículo 18, dispone la creación de un emblema y signo distintivo del servicio sanitario de todos los ejércitos, la bandera con una cruz roja sobre fondo blanco (inversión de los colores de su pabellón) .

Los derechos de los vencidos

Tal vez el lector pueda ser escéptico ante estas manifestaciones de pacifismo y filantropía, pero estas acciones de particulares y la literatura humanitaria, influyó sobre burócratas y diplomáticos los que reconocieron, siquiera fuese sobre el papel de los protocolos, que los vencidos tienen ciertos derechos, que existe en el mundo civilizado un criterio de humanidad y que hay que tener en cuenta la conciencia de las naciones.
El primer grito de guerra a la guerra fue el libro de la baronesa austríaca Berta de Suttner, titulado "¡Abajo las armas!" , aparecido en 1889, de estilo sencillo y con la amenidad de una novela, hizo un efecto comparable al del libro de Dunant.
En años que siguieron a su publicación, se formaron varios grupos para intensificar la campaña contra la guerra y se adhirieron a la cruzada grandes escritores como Víctor Hugo, Tolstoi, Renan, Strindberg y otros muchos.
Una convención que reunió a 26 estados en La Haya en 1899, a instancias de Rusia para tratar sobre armamentos y arbitrajes, se ciñó a lo jurídico pero no trascendió en los planos político ni económico.
Dos iniciativas privadas señalan el camino que se iba abriendo a la idea de la paz. La primera fue la del sueco Alfredo Nobel, inventor de la dinamita. Nobel se dejó influir por el pacifismo en las páginas de la baronesa Suttner, a tal punto que en su testamento fechado en 1895, dejó un legado de treinta y tres millones de coronas para la Fundación Nobel, en el que incluyó un Premio para la Paz, que habría de adjudicarse a la persona o entidad que durante el año hubiese trabajado con más eficacia en la obra de la paz entre las naciones. El primer premio en 1901 lo obtuvo Dunant, fundador de la Cruz Roja.
La segunda iniciativa fue la "Donación Carnegie para la Paz Internacional". Andrew Carnegie, rey americano del acero, hizo esta fundación en 1910, dotándola de un capital de doce millones de dólares, suma de dinero que había de promover una investigación metódica y científica de las causas de guerra y de los medios más prácticos para evitarla.
Coetáneamente, Nikolái Roerich, artista, filósofo y escritor ruso aportó un símbolo: la bandera de la Paz, que consiste en tres esferas en color magenta, inscriptas en un círculo del mismo color sobre fondo blanco, representativos de la ciencia, el arte y la religión, pilares en los que se apoya el desarrollo de la civilización. Concibió también la idea de considerar neutrales y como tales respetadas y protegidas por las partes beligerantes a las instituciones de ciencia, arte, educación y la conservación de los objetos de cultura y misiones científicas. Tales ideas se concretaron tardíamente mediante la firma del Pacto Roerich en 1935, y sirvió de base posteriormente en 1954, para la firma sobre protección de bienes culturales en la Convención Internacional de La Haya.
Durante las dos primeras décadas del siglo XX, se constituyeron innumerables sociedades pacifistas de mujeres, estudiantes, clérigos, universitarios, obreros y políticos.
Se celebraron varios congresos mundiales para la paz, se redactaron peticiones firmadas por miles de ciudadanos, se formaron comités, ligas, alianzas, uniones y sociedades contra la guerra.
Se publicaron y distribuyeron folletos. Sin embargo, los legítimos deseos de paz, se eclipsaron cuando en 1914, estalló la primera gran guerra mundial.
En ese contexto, en un tiempo pletórico de personas animadas por el espíritu pacifista y filantrópico, se encuentra Florence Terry Griswold, dama nacida en el rancho The Pendencia, situado entre Eagle Pass y Carrizo Springs, Texas.
Su niñez tuvo gran influencia en toda su vida. Su hogar, cerca de la frontera mexicana, le permitió conocer y apreciar el carácter mexicano.
La educación que recibió fue bilingüe, y en ella asumió como propias las culturas anglosajona y la hispánica, como así también se ilustró en los valores universales. De su padre Theodore Terry, juez federal y director del periódico The Javelin, heredó el espíritu crítico y el ideal de justicia.
Florence pronto se destacó como líder de su comunidad y en la vida social.
Los habitantes del suroeste de Texas fueron testigos presenciales de los cambios en el gobierno de México. Fue la época turbulenta de Pancho Villa, Zapata y otros, de la revolución política que causó la caída de Porfirio Díaz. Muchas mujeres huyeron cruzando la frontera y se convirtieron en refugiadas.
El drama de estos mejicanos, sin dinero y desamparados, afectó el corazón de Florence Terry, quien prontamente inició planes para ayudarles, acogiendo mujeres y niños en su propia casa y buscó ayuda entre amigos y socios para aliviar el sufrimiento y proveerles de vivienda y comida. La señora Griswold comprendió que debía cimentar una amistad cercana y duradera con las mujeres de toda América.
En sus palabras está su ideario: "necesitamos mujeres sin miedo a demandar de estas Américas la continuidad y los ideales que inspiraron a San Martín, a Bolívar, a Hidalgo, a Washington". Este objetivo comenzó a concretarse en un almuerzo en el histórico hotel Merger el 16 de octubre de 1916, cuando organizó la Mesa Redonda, reuniendo a un grupo de 22 mujeres con el propósito de proporcionar de forma mutua, el conocimiento, la comprensión, la amistad y la solidaridad de los pueblos. Este grupo respondió rápidamente a su liderazgo.
Ellas reconocieron su don para inspirar el deseo de participar en una cruzada que iría a través de cada frontera en las américas.
Tomó como modelo la Mesa Redonda medieval del Rey Arturo, un círculo sin principio ni fin, que simboliza la unión perpetua, la igualdad de oportunidades y representación. Se convirtió en la primera Directora General y adoptó el estatuto de la Unión Panamericana.

Primera conferencia

En 1919, concretó la primera Conferencia Panamericana entre mujeres de Estados Unidos y México. Fue la base para el futuro movimiento panamericano y el ejemplo permitió que se fueran creando Mesas Redondas en ciudades de los Estados Unidos y del resto del continente.
En 1944, se estableció la Alianza de Mesas Redondas Panamericanas. Actualmente, la Mesa Redonda Panamericana de Mujeres está registrada desde el año 2001 en la Organización de Estados Americanos (OEA) como Sociedad Civil. Cuenta con más de ocho mil mujeres trabajando en 19 países del continente americano en actividades tales como formación de bibliotecas, donación de libros y útiles escolares, otorgando becas, presentando conferencias, promocionando el patrimonio cultural y geográfico, celebrando las efemérides nacionales, participando de eventos comunitarios de diversidad cultural, protegiendo el medio ambiente, entre otras actividades. Sus miembros no tienen filiación política, ni distinción de raza, credo o sector social. Se mantiene con el aporte de sus socias.
Florence Terry Griswold adoptó el lema de Alejandro Dumas: "una para todas y todas para una".
El 16 de octubre, se cumple el centenario de la creación de la primera Mesa Redonda Panamericana de Mujeres. Miles de damas acudirán a San Antonio, Texas para celebrar y homenajear a Florence. Sería oportuno tener presente su lema, y recordar que lejos de segregar y excluir, deberíamos reflexionar que el planeta es nuestra casa, en el que sus habitantes, estamos avecinados transitoriamente y que somos simplemente seres humanos. Ante la vulnerabilidad, la pobreza, la ignorancia, la discriminación, deberíamos asumir valores universales de fraternidad, solidaridad y respeto por la diferencia entre los hombres, no como una utopía, sino como una deuda y un deber hacia el prójimo. Esta fugaz presencia nuestra, nos ofrece el interesante desafío de hacer un mundo mejor. No perdamos esta única oportunidad.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora