La aviación siria volvió a bombardear este viernes los últimos barrios rebeldes del este de Alepo, en Siria, en la víspera de una reunión entre responsables estadounidenses y rusos para evitar una "destrucción total" de la ciudad.

La situación de los civiles en la segunda ciudad de Siria suscita mucha preocupación en la comunidad internacional.

La Asamblea General de Naciones Unidas pidió un alto el fuego inmediato y entregas urgentes de ayuda humanitaria, en una resolución adoptada por una amplia mayoría este mismo viernes.

Y el secretario de Estado norteamericano John Kerry anunció en París que el sábado se reunirán en Ginebra las delegaciones de Rusia y Estados Unidos para intentar "salvar Alepo de una destrucción total, absoluta".

Será un encuentro a nivel "técnico", en el que no participarán los ministros de Relaciones Exteriores, explicó un alto responsable del departamento de Estado.

Kerry no parecía muy optimista sobre las posibilidades de éxito de esta reunión, después de que Rusia, el mayor aliado de Damasco, afirmara que los combates seguirán hasta que todos los rebeldes abandonen Alepo.

"Sé que la gente está cansada de esas reuniones, yo estoy cansado de esas reuniones", dijo el jefe de la diplomacia estadounidense, durante una recepción en la embajada estadounidense en París. "Pero ¿qué quieren que haga? ¿Irme a casa y pasar un buen fin de semana mientras matan a gente? ¿Quedarme sentado en Washington y no hacer nada?".

El ejército sirio había suspendido sus bombardeos el jueves por la noche, cuando Moscú anunció una pausa humanitaria para evacuar a los civiles, aunque no dejó de disparar cohetes contra los barrios rebeldes.

Según Naciones Unidas, algunos grupos rebeldes y yihadistas impedían a los civiles abandonar la zona de combates y disparaban incluso contra los habitantes que huían.

El portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Rupert Colville, expresó además su preocupación por la información de que centenares de hombres que huían habrían desaparecido al llegar a zonas controladas por el régimen sirio.

A pesar del éxodo de decenas de miles de personas que huyen de la ofensiva progubernamental, muchas siguen asediadas en los barrios rebeldes. Según la ONU, quedan unos 100.000 civiles en

esas zonas.

Tras haber disminuido un poco el jueves por la noche "los violentos disparos de artillería se reanudaron en varios barrios asediados del este y había violentos combates, sobre todo en Bustane al Qasr", uno de los últimos barrios importantes todavía controlados por los rebeldes, dijo el director del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), Rami Abdel Rahman.

Sin tregua

Rusia anunció por sorpresa el jueves "la interrupción de las operaciones de combate del ejército en el este de Alepo porque hay una gran operación en curso para evacuar a los civiles".

Para Rahman, el anuncio ruso era "puramente mediático" (...) pero (...) los bombardeos siguen porque el régimen no quiere dar tregua a los rebeldes ni a los civiles".

Con los rebeldes controlando sólo una pequeña parte del este de Alepo, los observadores creen que la caída de la ciudad es ineluctable y podría marcar un hito en este guerra que ha dejado 300.000 muertos desde 2011 y ha llevado a huir a más de la mitad de la población de Siria.

Frente a la catástrofe humanitaria, el jefe del grupo de trabajo para la ayuda en Siria, Jan Egeland, volvió a pedir un alto el fuego inmediato.

"Los que intentan huir quedan atrapados en tiroteos y bombardeos y se arriesgan a ser el blanco de disparos aislados.

Centenares de niños, enfermos y heridos tienen que salir" del este de Alepo, dijo.

Los Cascos Blancos, los socorristas de los sectores rebeldes, también lanzaron un grito de alarma. "Si no les evacuamos, nuestros voluntarios podrían ser torturados o ejecutados".

Desde que empezó la ofensiva contra Alepo fallecieron al menos 410 civiles, entre ellos 45 niños, según cifras del OSDH. De ellos 105 civiles, incluyendo 35 niños, murieron en el oeste de Alepo, una zona controlada por el régimen.

Por otra parte Turquía anunció este viernes que 300 miembros de sus fuerzas especiales apoyarán a los militares turcos en Al Bab, una ciudad turca en la frontera siria, que están luchando contra los yihadistas.

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