Muchos autores aciertan en señalar que la concentración de innovaciones científicas y técnicas acaecidas en los últimos años ha dado lugar a una nueva Revolución Industrial. Los avances en la robótica, la genética, la inteligencia artificial, la nanotecnología, las impresiones 3D, la biotecnología, el big data, los teléfonos inteligentes, el Internet de las cosas, el bitcoin, las energías verdes, las redes sociales, el comercio electrónico... nos empujan hacia una Cuarta Revolución Industrial, una era que vivimos con asombro y ante la cual se abren muchos interrogantes.
Iniciada en Gran Bretaña en el siglo XVIII, la Primera Revolución Industrial trajo innovaciones mecánicas como la máquina de vapor o el ferrocarril y expandió la urbanización de las ciudades; la segunda se aceleró durante la Primera Guerra Mundial y supuso la producción en masa a través de la electrificación, la proliferación de más y mejores medios de transporte y comunicación, y la escalada en la industria del petróleo; la tercera, popularizó el uso de las computadoras e Internet y produjo la expansión de nuevas fuentes renovables de energía.
De manera singular, los últimos avances en todos los campos, a las puertas de la Cuarta Revolución Industrial, se están produciendo a una velocidad única en la historia de la humanidad.
Somos protagonistas de un enorme cambio cualitativo que irá produciendo efectos en cada industria conforme la tecnología se imponga y se adopte, y en tanto cada individuo pueda contar con las habilidades para adaptarse a ello.
El Foro Económico Mundial publicó un estudio (World Economic Forum Report "New Vision for Education: Fostering Social and Emotional Learning through Technology") sobre el impacto que las tecnologías disruptivas tendrán en el mercado laboral y las habilidades que deberán tener esos futuros trabajadores para enfrentarse adecuadamente al mundo que les tocará vivir.
La brecha entre las habilidades que un niño aprende y las que necesitará al insertarse en el mercado laboral en 15 años se está ensanchando. A veces tenemos la sensación de que nos preparamos para enfrentar la Cuarta Revolución Industrial con habilidades de dos revoluciones anteriores.
Debido a la automatización, los cambios tecnológicos, la estandarización en los procesos de trabajo y el acortamiento en los ciclos de innovación se espera que el 35% de las habilidades que la economía necesita cambiarán. Por lo tanto, ¿es posible predecir qué "habilidades duras" de los chicos que hoy están en las escuelas van a necesitarse para los próximos 20 años?
En este contexto de incertidumbre, a la falta de competencias técnicas o "habilidades duras" y experiencia en los aspirantes a trabajos calificados, es indudable que se sumará en el próximo quinquenio una creciente demanda de "habilidades blandas".
El pensamiento crítico, la creatividad, el liderazgo y la habilidad para conducir equipos en entornos colaborativos y heterogéneos o la gestión de la calidad pasarán a ser capacidades fundamentales.
En el siglo XXI, la alfabetización ya no se ha vuelto sólo una cuestión de falta de instrucción en las disciplinas más básicas (como la lectura, la escritura y las reglas matemáticas elementales) sino de alfabetización digital / tecnológica y científica, incluso de alfabetización en lengua extranjera y por sobre todo, implica el desarrollo de conocimientos no específicos, de apropiación de nuevas metodologías de trabajo, cuestiones actitudinales y relativas a la posibilidad de fortalecer habilidades transversales que serán fuertemente valoradas al año 2020.
Por lo tanto, restituir el derecho a una educación de calidad en el marco del aprendizaje para toda la vida de cara a estos nuevos desafíos significa preparar y educar para un mundo cambiante. Ello demandará incentivar a nuestros alumnos para ser creativos, persistentes, tener iniciativa y pensamiento crítico, capacidad de adaptación, saber trabajar en ámbitos multiculturales y tener la capacidad de liderar, comunicarse de manera efectiva y colaborar, poseer empatía, una actitud positiva y resiliencia (capacidad de los seres humanos para superar períodos de dolor emocional y situaciones adversas ), por citar algunas habilidades que no podrán faltarles y que la inteligencia artificial no podrá reemplazar.
Pero las habilidades "blandas" son las más "duras" para enseñar.
Para potenciarlas, es preciso fomentar actividades en equipo, enseñar a través del juego, fortalecer la retroalimentación constructiva, ofrecer oportunidades para innovar, fomentar el deporte, el arte y las ciencias, proveer autonomía para tomar decisiones, crear un ambiente con lenguaje rico, respetar los pensamientos y personas diferentes, propiciar un ambiente para las consultas y preguntas, dar la oportunidad para aprender del error, dejar fluir las emociones, potenciar la habilidad de negociar y liderar positivamente, promover la empatía, la adaptabilidad, la curiosidad, la tolerancia, dar lugar a la contradicción fundada y un gran etcétera.
Esto significa trabajar por una educación que promueva el fortalecimiento de la identidad, del desempeño autónomo, de la adaptabilidad, una educación que incluya por sobre todo, experiencias educativas no formales asociadas a la inteligencia emocional.
Se abre un camino muy interesante para todos.

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Sección Editorial

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Daniel Blasco
Daniel Blasco · Hace 17 días

Estoy 100% de acuerdo con Roberto. Agregaría que hoy es posible abordar en la oferta educativa la incorporación de las habilidades para el trabajo y para formar mejores ciudadanos, mediante el ejemplo de los directivos y docentes en su labor diaria, mediante la potenciación de las asignaturas complementarias de cada disciplina en cada nivel como los temas de calidad, higiene y seguridad, artes, deportes, entre otras. Solamente hay que iniciar el proceso con convicción colectiva. Excelente artículo.


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