Por momentos la desazón le gana a la espera. Familiares, amigos y vecinos de Caraparí esperan durante todo el día, desde el pasado 18 de abril, alguna noticia sobre Marianela Gracionis. A quince días de su desaparición, cualquier información es valiosa y cualquier indicio que pueda aparecer vinculado al caso es investigado sin reparos en recursos.
Anoche hubo una falsa alarma. Dos jóvenes del Sector 5 de Profesor Salvador Mazza, un lugar retirado del pueblo, llamaron a la Policía para dar cuenta de que dos hombres habían enterrado un bulto en un lugar cercano a la quebrada que separa a la Argentina de Bolivia.
De inmediato se organizó un gran despliegue que trasladó al lugar a unos 40 efectivos, entre ellos los de Criminalística. En el suelo removido había una cruz de piedra. Casi dos horas después y cerca ya de la 1 de hoy destaparon el lugar y encontraron los restos de un perro envuelto en una manta.
Fue un alivio para todos. La esperanza de hallarla con vida sigue en pie.
Hoy el fiscal penal Armando Cazón tiene previsto trasladarse hasta Pocitos, la localidad boliviana fronteriza con Salvador Mazza, para solicitar a las autoridades judiciales del vecino país la entrega de las cartas que dejó escrita el joven Juan Arraya, quien perdió la vida trágicamente el 27 de abril.
En esos textos, el joven, que trabajaba de casero en Caraparí (a 5 km de Salvador Mazza) y había viajado en el colectivo en el que iba Marianela la última noche que fue vista, escribió que él "no tiene nada que ver" con lo que le sucedió a la joven.
La familia de la chica sigue pidiendo y reclamando, día a día, que alguien les avise -a ellos, a la Policía o a la Justicia- dónde está ella.

Una dolorosa espera

Marianela, de 21 años y mamá de un niño de 4, había desaparecido la noche del 18 de abril. Ese día, a las 23.15 se despidió de su prima Romina Rueda, con quien trabaja en un hotel de Salvador Mazza. Ambas habían regresado esa noche en un ómnibus, el mismo en el que viajaba Juan Arraya.
Según el testimonio de Romina, a las 23.15 se separaron y Marianela comenzó a caminar hacia su casa alumbrándose con la linterna del celular. Estaba oscuro, llovía y hacía frío.
Arraya caminaba algunos metros adelante de ella.
Un vecino que pasó en una moto, en la misma dirección de ella, la vio y algunos metros más adelante se cruzó con tres hombres, que podrían haber sido pescadores y quienes caminaban en dirección contraria. En pocos minutos deberían cruzarse con Marianela en el oscuro camino de tierra.
Un primo de la chica dijo también a los investigadores que poco después había pasado con su camioneta por el lugar, pero no vio ni a la chica ni a los hombres.
Con un rastrillaje permanente de la zona, a la semana de su desaparición (exactamente el 25 de abril), la Policía encontró en el camino a la zona conocida como Arenales, una bolsa con una carcaza de celular, ropa íntima, una remera, un cuaderno y un recibo de un pago que la chica había hecho en un instituto para asistir a un curso.
El miércoles 27, Juan Arraya, de 28 años, el nuevo casero que cuidaba una vivienda en Caraparí, se quitó la vida en el puente ferroviario que une Salvador Mazza con Pocitos boliviano. Dejó una carta para cada una de sus tres hermanas, otra para su madre y otra en general para su familia.
En sus textos se sospecha que puedan haber datos que aproximen la búsqueda al lugar donde está Marianela. Es por ello que serán solicitadas con premura a las autoridades del vecino país.
Mientras, en Caraparí hay una familia que ve pasar las horas mientras espera a su joven hija.

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Sección Editorial

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