La crisis del dengue es otra muestra del abandono que sufre el norte salteño, que está fuera de la agenda de la dirigencia política. No hace falta ser observador para ver la improvisación con que se actuó en todo momento, y a la falta de una estrategia para combatir al mosquito Aedes aegypti, que volverá a aparecer en cuanto afloje el frío.
Los informes oficiales sobre el Fondo de Reparación Histórica confirman que se gastó todo el dinero y faltan la mitad de las obras; confirman también que las obras más postergadas son las de saneamiento y recursos hídricos, justamente las más necesarias en San Martín, Orán y Rivadavia. En materia de Salud Pública, el dengue y la desnutrición infantil son la muestra de que el Estado está ausente en esa región. Como también lo está en cada cuestión que requiera gestión de gobierno. No hay gestión, directamente. Los informes de los legisladores, oficialistas u opositores, nos dicen que los municipios se convirtieron en bolsas de empleo. Como protagonista de las crisis sociales de los noventa, estoy convencido de que el camino para salir de la crisis es la política. Una política transparente y humanizada, que se oriente exclusivamente a solucionar los problemas de la gente y en la que los políticos, que tienen nombre y apellido, rindan cuentas de lo que hacen y de lo que no hacen. Estoy convencido de que se dejó pasar una oportunidad histórica. También creo que es necesario un cambio de gente y de proyecto.
Es una de las regiones con mayor cantidad de pobres del país. Hay desempleo, empleo precario, empleo en negro y ayudas del Estado. Esto es lo que se llama "clientelismo". Faltan transporte, rutas e inversiones. Los tres departamentos requieren una total reconversión productiva. Es una zona con muchos pobres, donde la gente la está pasando mal, pero que tiene mucha riqueza, porque con buena gestión y buenas políticas, podría asegurar empleo para trabajadores y profesionales.

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