¿Cuál es el motivo por el que hoy los pobladores de Tartagal y las localidades aledañas deben comprar las frutas, verduras y hortalizas de otros departamentos y hasta de otras provincias? Las condiciones del suelo y del clima son ideales para producir no solo para el mercado interno mejorando los precios para el consumidor, sino para otros puntos del país, compitiendo en precio y calidad. Y en un contexto de sinceramiento generalizado, los mismos tartagalenses hacen una autocrítica de la situación que se vive en la zona con elevados índices de desnutrición, desocupación y escasas esperanzas laborales para miles de desocupados, y reconocen que las generaciones actuales poco han heredado del apego al trabajo de aquellos que hace más de un siglo poblaron esta región. Hay quienes opinan que tantos años de alta calidad de vida que dio la exestatal YPF alejaron a la gente del trabajo de la tierra, situación que no se revirtió.
El ejemplo de los Payo
Hace un siglo, las 14 hectáreas que se extienden a orillas del río Tartagal se veían como un gran vergel, cargadas de frutas que ordenadas en hileras se perdían de vista. Eran las plantaciones de los hermanos José y Fernando Payo. Naranjos, pomelos, limas y mandarinos, ubicados a la vera del río que hoy dividen en dos a la ciudad, terminaban en las quintas donde comenzaban las hileras de tomates. En el centro de la finca habían levantado su casa de madera, en la que puertas y ventanas estaban cubiertas con telas mosquiteras.
Los muchachos eran oriundos de Orense, un pueblo de Galicia (España) al que dejaron cuando José cumplió 20 años y se embarcaron hacia la Argentina en 1910.
Desde que tenían uso de razón, su familia se había dedicado al trabajo de la tierra; el conocimiento y el apego al trabajo fueron determinantes al llegar al norte. Los muchachos, antes de subirse al tren que los dejaría en Tartagal, vivieron un tiempo en la provincia de Buenos Aires. Pero uno u otro lugar era lo mismo porque estaban solos, sin familia ni amigos que les dieran el primer espaldarazo para empezar en esta tierra desconocida. Eso los hizo inseparables y al llegar al norte en 1912, aprendieron a soportar el impiadoso verano. Se ubicaron en una finca llamada Ñancahuasú, sobre la margen izquierda del río Tartagal, que tenía 14 hectáreas, la misma extensión que tenía el pueblo.
No faltaron los litigios con Francisco Milanesi, un italiano propietario de la finca donde con los años se levantó el pueblo de Tartagal, quien reclamaba como propias esas hectáreas que ocuparon los Payo, pero después de años, la Justicia les dio la razón a los dos españoles.

Una gran producción
Los hermanos comenzaban a trabajar antes del amanecer y finalizaban cada jornada cuando caía la noche. Como en la zona no había producción de frutas, verduras ni hortalizas, comenzaron haciendo plantines desde las mismas semillas porque conocían todos los secretos del trabajo de la tierra. En cítricos experimentaron con injertos en plantas de naranja agria que abundaban en la zona en forma silvestre, lo que les dio un resultado excepcional y sobre todo resistente a las plagas.
Unos pocos años después ya tenían compradores de Buenos Aires y Rosario, sus principales clientes aunque abastecían también a la zona.
En esos años en que la palabra empeñada valía más que cualquier documento firmado, los hermanos Payo solían vender la producción "parada" de sus quintas donde el comprador se encargaba de cosechar, encajonar, cargar toda la producción y por último trasladarla hacia su destino final. Los cítricos y el tomate que se cosechaban en la quinta de los Payo era de una calidad indiscutida, pero mucho más lo era la seriedad de ambos hermanos por lo que, aun antes de la cosecha, los compradores les dejaban pagada toda la producción.
No faltaron años difíciles en los que el invierno les diezmó los cultivos, pero nada fue impedimento para que siguieran trabajando. Se casaron con mujeres criollas y cuando el gobierno les ordenó realizar un loteo, surgió el barrio Los Payo.
Ya en la década del 60 casi no quedaban plantaciones y la finca quedó acotada a un lote. José murió en 1970 y su hermano Fernando vivió hasta los 94 años de edad. Sus hijos y sus nietos aseguran que nunca regresaron a España porque encontraron en Tartagal su lugar en el mundo, como forjadores de las poblaciones del norte, dando trabajo genuino a tantos vecinos en la siempre recordada finca de los hermanos Payo.

Barrio Los Payo

Por una decisión del gobierno de fines de los 50, se hizo un loteo en buena parte de la finca y allí se emplazo el barrio Los Payo, conformado por unos 60 lotes
de gran dimensión. En la década siguiente los cultivos quedaron acotados a un lote.

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