"Un chico que toca un violín no agarra un arma", dice convencido Walter "el Pollo" Díaz, porque la experiencia de su trabajo en un asentamiento en Córdoba se lo demuestra diariamente.
Díaz preside la Asociación Civil Benjaminos en la ciudad de Córdoba. Este fin de semana pasó por Salta camino a Jujuy y conversó con El Tribuno sobre la maravillosa labor de sacar a los niños y adolescentes de las calles a partir de la música.
Su acercamiento a Villa La Tela, un asentamiento ubicado al costado de la Escuela de Aviación, camino a Carlos Paz (Córdoba), fue en 2003, ocasión en que se vio afectada por un vendaval. El lugar que es uno de los más vulnerables de Córdoba quedó desbastado. El asentamiento ocupa 13 manzanas y tiene más de 4.000 habitantes. La mayoría son familias numerosas y están a cargo de mujeres solas. Ese mismo año surgió la posibilidad de construir un Centro Integrador Comunitario (CIC) y la obra la llevó adelante el Pollo Díaz. "Se construyó un espacio comunitario de 100 metros cuadrados, la idea era hacer un comedor, pero finalmente no fue posible", contó Díaz.
Ya en 2009, y con la intención de promover actividades culturales que sacaran a los chicos del riesgo de la calle, decidieron indagar sobre sus gustos y demandas. La mayoría optó por actividades deportivas e internet. En esa época no estaba tan generalizado su uso, pero un grupo dio una respuesta que nadie esperaba: querían estudiar violín. Sorprendido, Díaz se contactó con una de las referentes, Ivana Sosa, y con ella se fueron a visitar a estos chicos que habían pedido estudiar música. "Ellos nos contaron que de la escuela los habían llevado al Teatro General San Martín a escuchar un concierto y que de ahí les había quedado la idea". A partir de eso, Díaz armó un proyecto que al principio se llamó Escuela de Violines. "Con ese proyecto anduve bajo el brazo desde 2009 hasta 2013 que fue cuando tuve la oportunidad de conocer al doctor Luis Juez y aproveché para contarle el proyecto de la Escuela de Violines. La respuesta de Juez fue que eso "no iba a andar''. Sin embargo me contestó que me iba a dar una mano y me consiguió seis violines". Con eso arrancaron en mayo de 2013. En diciembre los chicos ya estaban dando el primer concierto en la Basílica de la Merced.
A partir de ahí todo fue crecimiento. Todo a pulmón, con pequeñas donaciones. Hasta el momento ninguno de los gobiernos, nacional, provincial o municipal, ha puesto un peso. Pero el proyecto continúa cada vez con más fuerzas. "Empezamos con seis adolescentes, ahora ya son 30". Allí se juntan chicos provenientes de otras cuatro villas. La única condición que se les exige para formar parte de la orquesta es que estén escolarizados.
Actualmente los seis chicos más avanzados les enseñan a los que se van integrando y cobran un incentivo producto de una pequeña donación de una particular . Así sacan chicos de la calle, ingresan a la orquesta y continúan la escuela.

Autoestima y perseverancia

"Es impresionante lo que puede hacer la música. Les demuestra que ellos pueden, que se trata de ser perseverantes, que pueden progresar. Nosotros no queremos que queden estancados en la villa. Pretendemos demostrarles que con la música también pueden trabajar", afirma con convicción Díaz. "Para un pibe de la villa ir al secundario es como ir a la universidad porque ellos terminan la primaria y les quedan dos opciones: ser cartonero o vender drogas. Por eso es importante que estudien y que vean que hay otras salidas", agrega.
La música de ese modo se convierte en algo más que una oportunidad para abrirles la mente. "Las cuerdas de La Tela", como se llama la orquesta ha tenido resultados asombrosos. Díaz sostiene que es muy difícil que un chico que toca un instrumento musical levante un arma. Además, el tema de la autoestima es fundamental. Los mismos padres no creen en las capacidades de sus hijos. Díaz cuenta que más de una vez cuando han ido a hablar con las familias de los chicos para convocarlos la respuesta ha sido: "­qué va a ir ! ­si a éste no le da la cabeza!". Sin embargo después, cuando los ven tocando en la orquesta se emocionan, se dan cuenta que merecían una oportunidad. El padre de uno de ellos ahora camina 5 kilómetros hasta el centro de la ciudad para comprarle las cuerdas del violín. Los chicos aprueban las materias en el colegio, se ha reducido el número de suicidios y la droga no los coopta como a otros chicos. Pero no es una tarea fácil. La Asociación Civil Benjaminos que preside Díaz y los colaboradores, empezando por las propias familias, tienen que luchar contra la droga y contra de idea impuesta en la sociedad de que si no tenés plata "no sos nadie".
"Hemos visto cómo la música no solo les levanta la autoestima a ellos, sino también a las familias. La relación se hace más armoniosa y mejora la comunicación de las madres con los adolescentes", remarca Díaz.
También hay que resaltar que una de los flagelos de villa La Tela es el embarazo adolescente, muchas veces producto de violaciones. Hay nenas de 12, 14 años embarazadas o ya con hijos. También el número de suicidios adolescentes se ha reducido. La música les permite trabajar desde lo social, acercarse a los chicos y darles otra mirada. Terminar el colegio secundario puede parecer una perogrullada, pero no lo es para estos chicos. Es una oportunidad que no todos pueden tomar.

Visibilizados

El jueves pasado dieron un concierto en la Universidad Católica de Córdoba. Sus autoridades quedaron tan impactados que les ofrecieron becas que consisten en la gratuidad de la carrera y un subsidio de 4.000 pesos para cubrirles gastos de traslados y material de estudio. "De a poco vamos mejorando la construcción de ciudadanía", afirma orgulloso Díaz.
Pedro Aballay y Jorge Traverso son los directores y profesores de la orquesta, absolutamente comprometidos no solo con la música, sino con el trabajo social. Una fundación musical les paga los honorarios. Los chicos tienen clases de composición y ya tocan sus propios temas. Hace poco hicieron un curso de luthería y construyeron sus propias bandolinas con las que ya brindaron conciertos. La idea es que haya cuerdas para rato.

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