"Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto nos cambiaron todas las preguntas". La antigua reflexión de la antropóloga estadounidense Margaret Mead sirve para retratar la perplejidad de los analistas occidentales acerca de lo que sucede hoy en China. Cuando terminaron de asimilar la idea de que el coloso asiático era la nueva "fábrica mundial", que desplazaba a los países desarrollados, contemplan ahora otro giro copernicano. China deja atrás aquel exitoso modelo de desarrollo, que en tres décadas lo convirtió en la segunda potencia económica mundial, para avanzar en un giro estratégico hacia la "nueva economía", basada en el conocimiento.
La desaceleración económica suele ocultar este formidable cambio estructural, que se refleja en una honda dicotomía. Por un lado, existe una capacidad instalada en las industrias tradicionales que supera ampliamente su nivel de producción. Esto hace que la mayoría de las firmas estatales chinas tengan pérdidas. Pero, en abierto contraste, las ganancias que ofrecen la actividad privada de servicios (en especial las nuevas empresas de alta tecnología) son superiores al 30%.
Al respecto, un informe de la Oficina Nacional de Estadísticas de China consigna que en el primer trimestre de este año los ingresos generados por las empresas de "industrias creativas" alcanzaron la impresionante cifra de 258.000 millones de dólares, lo que supone un incremento del 8,6 % en relación al 2015.
Los ingresos derivados de "servicios de transmisión de información cultural", que comprenden a las empresas de Internet y a los proveedores de telecomunicaciones, crecieron en ese lapso un 27,8%. El rubro "servicios culturales, ocio y entretenimiento" aumentó un 25% y sectores como cine, radio, televisión y museos tuvieron también exponenciales cifras de expansión.
Como todo lo que sucede en China, no se trata de un fenómeno coyuntural sino el resultado de una política de largo plazo. El apoyo del Estado a las industrias creativas comenzó con el ingreso de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC), que constituyó el segundo gran salto en el ascenso de China en la economía mundial, tras el primer impulso que emanó de las reformas económicas promovidas por Deng Xiaoping a partir de 1979.
Sin embargo, el mayor énfasis en las "industrias creativas" comenzó a partir de la crisis internacional de 2008, cuando China percibió que su modelo de desarrollo estaba acercándose a sus límites y resolvió un viraje estratégico. Dicho giro tuvo dos ejes fundamentales. El primero fue el fortalecimiento del mercado interno, en lugar de las exportaciones, como principal motor de crecimiento. El segundo eje fue pasar de la cantidad a la calidad como centro de su esfuerzo productivo.
El fenómeno llama la atención de los expertos. Michael Keane, especialista en Medios y Estudios Culturales Chinos de la Universidad de Curtin, en Australia, sostiene que "en el gobierno de Xi Jinping esto ha sido acuñado como campaña de "gran poder cultural'' y comprende un llamado a las instituciones culturales y mediáticas de China a internacionalizarse y enviar un mensaje positivo al mundo, en contraste con la cobertura negativa que los "extranjeros'' hacen sobre China".
Keane, autor del libro "Industrias creativas en China: arte, diseño y medios'', destaca que "al gobierno le gusta hacer uso de esas industrias para mostrar cómo la cultura china está contribuyendo a la economía, generando empleo y en ciertos casos globalizándose".
Un artículo de Bloomberg, provocativamente titulado "Redes sociales, parques temáticos y Kung Fu Panda impulsaron el crecimiento de China", afirma que "China se basa cada vez más en el consumo, los servicios y los sectores de alta tecnología para impulsar su crecimiento, mientras los servicios tradicionales de manufactura y de industria pesada se enfrentan a una notable desaceleración".
En ese contexto, Xi Jinping priorizó el desarrollo de la innovación digital, en una iniciativa que las autoridades chinas califican de "emprendimiento de innovación masiva" y supone un vigoroso aliento a las nuevas empresas tecnológicas.
La nueva normalidad
Una de las consecuencias inesperadas de este cambio cualitativo en la estructura productiva es que puso en duda la fidelidad de las estadísticas oficiales, debido a la dificultad para interpretar la evolución de la economía real por la desactualización del proceso de clasificación de datos en este nuevo modelo de desarrollo.
Al revés de lo que suele ocurrir con las estadísticas oficiales en otros países, en China esta dificultad podría estar subestimando su verdadero ritmo de crecimiento. Mark Mobius, directivo del fondo de inversión Templeton Investments, advierte que "una parte significativa de la economía no se está teniendo en cuenta, dado que China se está transformando de una economía orientada por las manufacturas a una economía de servicios".
De todos modos, Beijing estima que el país ingresa en una "nueva normalidad", signada por un estadio más alto de desarrollo, que lo lleva a un proceso de crecimiento un poco más lento. El 6,9% de aumento del producto bruto interno de 2015 es la cifra más baja de los últimos veinticinco años, pero todavía resulta una de las tasas de expansión más altas del mundo, que duplica el promedio de crecimiento de la economía mundial y cuadriplica la performance de las naciones altamente desarrolladas.
El primer ministro Li Keqiang sostiene que el "shuangchuang", una palabra china que une los conceptos de innovación y espíritu emprendedor, es la garantía de un crecimiento sostenido en la etapa de transición entre el antiguo modelo y el nuevo paradigma productivo. El objetivo es alcanzar en este quinquenio una tasa de crecimiento del 6,5 % anual, que permitiría en 2020 duplicar el ingreso por habitante de 2010.
Lo dicho por Li Keqiang no son sólo palabras. En 2015, aún con la desaceleración económica, en el país se registraron 4.400.000 nuevos negocios. Por quinto año consecutivo, China inscribió también el mayor número de patentes del mundo entero. En ese lapso, recibió asimismo una financiación de capital de riesgo de 20.000 millones de dólares, cifra sólo superada por Estados Unidos.
El análisis político tendría que dejar a los historiadores la tarea de investigar a la China que fue, aquella que crecía a velocidades fantásticas sobre la base de los bajos salarios y las exportaciones de industrias con mano de obra intensivas, para dedicarse ya mismo a examinar a esta China que viene.
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