Demasiados temas de política en un escenario nacional revuelto por denuncias de corrupción, exfuncionarios procesados que se sienten presos o perseguidos políticos, inflación en crecimiento, aumento escandaloso de tarifas, recesión, despidos, revanchismos políticos, una lógica de amigo/enemigo para calificar al otro. El país se fue fraccionando y esto fue fomentado desde los más altos niveles oficiales, creándose una verdadera cultura del desencuentro. Una lógica perversa de fraccionamiento social, "el que piensa distinto es enemigo".
Con los nuevos aires del gobierno de Mauricio Macri se siguen esperando signos concretos que convoquen a la unidad nacional, a la pacificación de los ánimos más allá de las diferencias político-ideológicas, y a la serenidad de los espíritus frente a la embestida de precios, impuestos y servicios que hacen tambalear la delicada economía de los sectores medios.
Hace unos días me preguntaba un periodista, usted es peronista, o kirchnerista o macrista. Sonreí serenamente, y le respondí, soy argentino. ­Somos argentinos!
Vivimos en un país acostumbrado a la clasificación por clase, condición socio económico, elección sexual, religión, raza, que se usan como conviene para descalificar o ensalzar.
En materia religiosa, a pesar de los temores que tienen las jerarquías de las diferentes confesiones, la gente se valora y respeta un poco más buscando lo que les une. Celebrar el Bicentenario con autenticidad y nobleza sería hacer el esfuerzo por ser cordiales. Superar de una vez por todas tantas divisiones, poner el oído y el corazón al otro argentino. Inaugurar la cultura del encuentro nacional. Saludarnos con confianza, sin miedo, mirándonos a los ojos, reconociendo en el otro un hermano, hijos de una misma Nación, criollos, aborígenes, inmigrantes antiguos y recientes. Un saludo, una sonrisa, un gesto que permita hacernos sentir que estamos en casa. Eso es la patria, nuestra casa. Disfrutar la casa común cuando estamos aquí y podemos vivir en paz, aunque nos falte lograr la independencia total de toda dominación extranjera como reza la declaración desde hace 200 años, toda dominación económica, política, cultural, y de cualquier otra índole.
Celebrar el Bicentenario es reconocer el esfuerzo que hacemos entre todos para salir adelante, sacar de nuestro interior los valores solidarios saliendo al encuentro de los más pobres, de los que sufren diariamente la miseria. Sería un buen momento para hacer un alto en el camino y pensar todo lo bueno que tiene esta tierra en la que nacimos y cuanto podemos hacer por nosotros mismos y por los demás. Los gobernantes deberían tomar conciencia de ser servidores del bien común y no de sí mismos, Los profesionales, ejercer su vocación y profesión como servicio de manera generosa. Los comerciantes e industriales, respetar el sentido solidario y la hipoteca social que graba su propia empresa para el crecimiento armonioso de la sociedad,
El pueblo debe tomar conciencia de su dignidad, defender sus derechos sin omitir el cumplimiento de sus deberes como ciudadanos. Los que tienen mucho, dar con generosidad hasta que duela para satisfacer las necesidades de los hermanos argentinos más necesitados. Los que tienen poco, ser siempre agradecidos de habitar una tierra generosa en un clima de paz y tolerancia, de respeto y armonía. Celebrar el Bicentenario significará volver a unir los trozos de un pueblo disperso para que tome en sus manos la lucha pacífica por sus derechos, por la justicia, por la paz. Ahí, sí podremos decir: ­Viva la Patria!

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora