La ley de tolerancia cero, sancionada en setiembre de 2014, nació con una clara intención disuasoria: alejar a quienes habían bebido alcohol del volante de un auto. Asimismo, detrás de esta intención se revelaba un objetivo fundamental: bajar la cantidad de muertos por accidentes de tránsito.
Si bien no todas las muertes en siniestros viales se pueden achacar al alcohol, este juega un papel fundamental en gran parte de esos incidentes.
Según la organización Luchemos por la Vida, dedicada a la seguridad vial, por lo menos en una de cada dos muertes en accidentes de tránsito está presente el alcohol.
Sin embargo, a casi dos años de la puesta en vigor de la ley, antecedida por una ordenanza en la ciudad, las metas parecen estar lejos de ser alcanzadas. Según datos de la Subsecretaria de Tránsito de la Municipalidad, en lo que va del año ya se detectaron 1.224 conductores en estado de ebriedad.
El número representa un aumento de casi un 20 por ciento con respecto al registrado durante todo el 2015, que superaba ligeramente los mil. Este porcentaje, inevitablemente, crecerá hasta fin de año.
Las muertes a causa de accidentes de tránsito tampoco frenaron. Según Luchemos por la Vida, que además de las muertes producidas durante el hecho computa aquellos fallecidos hasta 30 días después como consecuencia de los mismos, el número de víctimas en toda la provincia aumentó de 259 en 2014 a 346 en 2015.
En 2016 las estadísticas muestran cifras similares. A fines de agosto del 2015 se contabilizaban 129 muertes en toda la provincia a causa de la inseguridad vial, hasta el 31 de agosto de este año el número de fallecidos por esta causa es exactamente el mismo: 129. La coincidencia es escalofriante.
En este caso, las cifras de la Policía, que solo tiene en cuenta aquellos decesos ocurridos durante el incidente, pero que, previsiblemente, subirán al incluir aquellos a posteriori, siempre como consecuencia del accidente.
El valor de las multas por no respetar la tolerancia cero está atado al precio de la nafta; los altos precios, que en algunos casos superan por mucho el salario mínimo, tampoco parecen funcionar como disuasorio. Según el juez Administrativo de Faltas de 1ª Nominación, Carlos Majul, en su juzgado no se ha evidenciado un descenso de este tipo de infracciones desde que se implementó la tolerancia cero. "Si bien es cierto que tampoco ha aumentado la cantidad, preocupa que se sigan cometiendo. Hay gente que lo que gana en el mes lo paga en alcoholemia", grafica.
Una multa por alcohol en sangre puede ir desde los $3.900 hasta los $18.900. Los valores se fijan tomando como referencia el precio del litro de nafta Premium y son establecidos por el Automóvil Club Argentino. Al día de hoy, este valor es de $18,91 que se multiplica por entre 200 y 1.000 dependiendo el grado de intoxicación que tenga el infractor.
A partir de esto, cada conductor deberá pagar según las características de su transgresión. "Hay discrecionalidad según la graduación alcohólica que se registre y los antecedentes de la persona", aseguró Majul.
Por ejemplo, si en un control se le detecta a un conductor un gramo (o más) de alcohol por litro de sangre, la multa será el equivalente a entre 800 y 1.000 litros de la nafta más cara del mercado.
La incierta situación de la Subsecretaría de Tránsito, que en los últimos días se reflejó en la huelga llevada a cabo por los trabajadores del área, también puede haber influido en cierta relajación en los controles.
Como publicó ayer El Tribuno, un informe reveló las pobres condiciones en las que la nueva gestión comunal recibió el área. "Los resultados que arrojó fueron alarmantes, demostrando deterioro y abandono en todos sus sectores" asegura el informe.
Entre las varias irregularidades detectadas se observa que cinco alcoholímetros no estaban correspondientemente homologados por el INTI por lo que no podían ser calibrados.
Recién a partir de la llegada de cinco nuevos alcoholímetros en mayo pasado, la Municipalidad pudo retomar los controles que antes habían quedado a cargo de la Policía. A su vez, se aumentaron de uno a tres la cantidad de puestos que se despliegan en la ciudad, pero hasta el momento, este mayor control tampoco se tradujo en un descenso del número de salteños que manejan bajo el efecto del alcohol.
Además, a partir de abril del 2016, la Policía dejó de participar de los controles debido a que se venció el convenio que tenía con el municipio.
De acuerdo al director general de Coordinación de Tránsito, inspector Miguel Ángel Sosa, los parámetros en cuanto a la cantidad de personas detectadas en estado de ebriedad se mantuvieron. "Con un solo puesto se detectaban alrededor de 8 conductores alcoholizados por día, y a partir de que tenemos tres controles eso se mantuvo, por ejemplo el fin de semana pasado, se detectaron 20 por día en los tres puestos", dijo el funcionario.
Los puestos de control se despliegan en distintas zonas y van moviéndose. "La gente ve donde están los controles y pasa la información, es inevitable", reflexionó Sosa.
La "picardía" del salteño, en este caso, puede terminal mal. Quizás se puedan evitar los controles pero, manejando tras haber tomado, solo la suerte evita un accidente.

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Sección Editorial

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RICO TIPO
RICO TIPO · Hace 3 meses

SABES QUE PASA, QUE A LA VICTIMA LA ESTAN VELANDO Y EL HIJO DE PUTA QUE MATO BORRACHO ESTA EN LA CASA PORQUE AQUI MATAR BORRACHO ES HOMICIDIO CULPOSO CUANDO DEBERIA SER HOMICIDIO SIMPLE.

Erik Larsen
Erik Larsen · Hace 3 meses

Totalmente de acuerdo, y la calificación de homicidio simple debería extenderse también en caso de exceso de velocidad, se haya tomado o no.

Erik Larsen
Erik Larsen · Hace 3 meses

Desde un principio se supo que la tolerancia cero tenía sólo fines recaudatorios. El estado ha demostrado ya por demasiado tiempo su capacidad para administrar las calles: cobra cifras millonarias con la excusa de dar seguridad y calidad a las vías de comunicación, pero no hace ni una cosa ni la otra. El control al voleo no detecta ni el 1% de los peligros, y las multas irrisorias sólo sirven para aumentar el precio de la coima o el esfuerzo en esquivar los controles, pero están lejos de garantizar al ciudadano de que no lo vaya a matar un imécil que viaja borracho o a altísimas velocidades. El control de curros o "papelitos" tampoco sirve para otra cosa que para asegurar el negocio de los amigotes del gobierno. ¿La solución? Privatizar las vías de comunicación. Dejar de financiar rutas con impuestos a toda la población, sea que viaje o que no viaje, que tenga auto o no, y poner un peaje en caja avenida o ruta principal, que asegure que el que paga es el que usa la ruta, y que en el peaje se hace un control somero de las condiciones del vehículo y del conductor, y que el mismo concesionario se ocupe de controlar las velocidades. La centralización del control ha demostrado su ineficacia. Veamos qué pasa descentralizando. No puede ser que con la cantidad de vehículos que circulan y las sumas gigantescas que se pagan en impuestos no pueda haber un control al ingreso y al egreso y dentro de las avenidas principales de la ciudad, que garanticen la seguridad de los que la usan.


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