No es lo mismo la cola que tienen que hacer en la ANSES los pobres jubilados, o en algún banco dónde por casualidad uno se entera que murió un conocido que hasta hace poco lo veíamos caminando tranquilamente en el centro; ni que decir de las colas para cobrar los haberes con jubilados cada vez más maltratados por la espera. En algunos casos es hasta humillante después de haber trabajado toda una vida.
Algo similar ocurre con la recarga de la tarjeta SAETA. Otro sufrimiento que se renueva periódicamente.
Sin lugar a dudas que en esta Argentina hay colas para todos los gustos.
Axel Kicilllof, el ahora diputado electo de La Cámpora criticó hace poco al equipo económico de Cambiemos de Mauricio Macri "por mentir a boca de jarro" sobre la evolución financiera del país para aplicar "un plan de ajuste que provocará que terminemos todos con la cola para arriba".
A partir de allí que le habrá costado a Eduardo Cattáneo utilizar un lenguaje más depurado, sin el efecto provocativo y prepotente ante una sociedad demasiado sensibilizada, por lo que sucede a diario.
Si por ejemplo habría dicho: "A mi no me toca la cola nadie porque yo toco el pito y tengo a dos mil personas..." en ese estilo, se confundiría con el lenguaje de un adolescente que transita su tiempo despreocupado en la play.
Ahora, si comparamos lo dicho por Cattáneo con el que alguna vez expresó la periodista, hoy panelista de Intratables: Silvia Fernández Barrios, la cosa es distinta. En plena cobertura del ataque a la embajada de Israel, la periodista que estaba cubriendo en vivo la noticia gritó: "h de p quien me tocó el c..." y la misma protagonista reconoció que hasta hoy, después de tantos años es un estigma que la persiguió durante mucho tiempo. Esperemos que a Cattáneo, más allá de las disculpas, no le ocurra algo similar.

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