Hoy a las 21 el Centro Cultural Alemán Europeo (Kulturzentrum, Rivadavia 828) celebra la Fiesta de la Cerveza junto a toda la comunidad de inmigrantes y los alumnos de los cursos con trajes, comidas y bebidas típicas de Alemania. Oktoberfest es la fiesta popular más grande del país que congrega a millones de personas en Múnich, que comenzó el 12 de octubre de 1810 cuando el príncipe Luis I de Baviera se casó con la princesa Teresa di Sassonia-Hildburghausen.
Heike Neumann, directora del Kulturzentrum, nació en 1963 en Ingolstadt, una ciudad cercana a Múnich. Ella y su marido, enamorados de América del Sur, pasaron acá su luna de miel. Cuando volvieron a Alemania se dieron cuenta de que comprar una casa significaba 30 años de cuotas y eligieron la aventura. Armaron una empresa de turismo en el sur, pero terminaron en el norte donde armaron Movitrack, un vehículo especial con el que hacían el "Safari por las nubes". Cuando la empresa se hizo demasiado grande decidieron venderla.
El Kulturzentrum empezó por una inquietud personal para que sus hijos, que ahora tienen 12 y 17 años, hablaran alemán con los hijos de otras familias. Heike se capacitó para enseñar y con ayuda del Instituto Goethe armó el Centro Cultural Alemán Europeo, que funciona desde hace ocho años en Salta.
Hace 20 años que vive en la Argentina y por ahora no piensa en volver a vivir allá, sino solo de visita. "Me gusta mucho Salta, la geografía y el clima. La sociedad conserva sus tradiciones, lo veo como algo lindo porque el mundo se globaliza y acá todavía sí hay identidad. Pero veo que hay que abrir un poco la mente. Dentro de la Argentina, Salta quedó más aislada", comentó.
¿Por qué tantas guerras en Europa en el siglo XX?
Yo no soy historiadora, pero Europa es un continente chico con muchas culturas mezcladas; vive mucha gente en poco espacio, eso lleva siempre a más conflicto. Europa sigue siendo conflictiva, ahora Ucrania vuelve a ser como un enfrentamiento entre el este y el oeste, que pensamos que después de la caída del Muro se había tranquilizado.
Se cumplen muchos aniversarios relacionados con la historia de Alemania. ¿Cómo viven este revisionismo?
Yo creo que Alemania se liberó mucho de la culpabilidad con la que había cargado después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando era chica viví esa culpabilidad en carne propia, nos sacaron todo el orgullo de ser alemán, no podíamos sacar la bandera, cantar el himno. Cuando era adolescente me llamaba la atención que todas las otras naciones se juntaban y cantaban sus canciones, y nosotros no. Yo misma empecé a pensar ¿qué tengo que ver yo con mi pasado? Es como si pensás en la dictadura que hubo acá, ¿qué culpa vas a tener vos? La historia para mí era un tema negro, no nos contaron mucho porque no sabían cómo tratarlo.
Parece que los alemanes hicieron psicoanálisis.
Los alemanes se liberaron definitivamente en el Mundial de 2006, aunque hay todavía un poco de culpa en las viejas generaciones. Mis padres nacieron a fines de la guerra y tenían cierta culpa porque eran parte del sistema. Mi mamá estaba orgullosa de haberle dado la mano a Hitler, hoy la matarían. Económicamente Alemania es fuerte como nunca. Los alemanes se liberaron y están orgullosos otra vez.
¿Cómo viviste la época de la reunificación?
Yo viví la separación de las Alemanias en carne propia por mi familia. Mi mamá tenía una hermana que se había quedado en el este, prácticamente encerrada, mientras que ella había logrado huir con el resto de la familia. El Muro de Berlín es el símbolo que marcaba la separación entre el este y del oeste. La frontera que pasaba por toda Alemania, un alambre con una franja de muerte de varios kilómetros, era el muro en realidad.
Cuando yo tenía 10 o 12 años empezaron a liberar un poco los viajes. Nosotros podíamos viajar a visitarlos, pero ellos no podían salir. Los primeros viajes que hicimos me impresionaron porque era como entrar a una cárcel.
Como tenían miedo de que lleváramos a alguna persona, en el control de salida desarmaban el auto totalmente, sacaban las valijas, revisaban todo.
Yo estudié en Berlín del oeste y viví el Muro y los caminos de tránsito. Cuando iba en auto usábamos la misma autopista que usaban los que vivían ahí. En la entrada te hacían un control, te ponían la hora y te decían "dentro de tres horas tenés que haber llegado ahí, si no te buscamos y chau". No te podías detener, no podías tener contacto con la gente del este, nada. Solo tenías que llegar ahí y hacer el otro control en la entrada. Era impactante porque manejabas y la gente miraba.
Con mis padres íbamos con el Audi y al lado iban ellos con su pobre cortapasto, como lo llamábamos. Cuando era estudiante comía una banana y me miraban. No había bananas en el país, entonces estaban locos por las bananas. Era horrible, querías pararte y hablar con ellos y ayudar, pero no podías.
Después tuve la suerte de estar en Berlín al momento de la caída del Muro. Me di cuenta de que estaba viviendo un momento histórico.
¿Cómo se comunicaban con tu tía?
En esa época todo era censurado, todas las cartas fueron abiertas, no se podía mandar nada raro. Una vez lograron organizar un viaje juntos a Rumania porque ellos podían viajar a los países comunistas y nosotros adonde quisiéramos.
Nos juntamos ahí y era todo muy secreto, muy místico, siempre tenían que tener cuidado de que no los descubrieran.
¿Cómo fue la situación luego de la caída del Muro?
Mi tío estaba bastante convencido de su sistema, no es que toda la gente estuviera en contra. Cuando se cayó el muro, por más que tenía alegría de viajar y ver a la otra parte de la familia, estaba mal porque se había quedado sin trabajo. Por más que habían logrado la libertad y la democracia, en el primer momento la pasaron muy mal. El nuevo sistema les costó porque la gran libertad es difícil si vos estás acostumbrado a que alguien se haga cargo de tu vida. Ellos vivían conformes, vivían bien porque el Estado los ayudaba, les hacía todo.
Él se dio cuenta recién de lo que había pasado cuando abrieron los archivos de la Stasi, la policía secreta, porque en su acta vio que sus propios vecinos y amigos lo controlaban, era un sistema de control total. Me mostró las copias, estaba todo escrito: cuando nosotros llegamos de visita, qué hicimos y adónde fuimos.

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