Analizar el 25 de Mayo de 1810, sin tener en cuenta el contexto internacional de aquel momento o de su pasado mediato e inmediato, nos llevaría a interpretaciones parciales y seguramente erróneas.
Para escudriñar estos sucesos, debemos remontarnos a mediados del siglo XVII, momento en el que nace una nueva corriente filosófica de la mano de pensadores de la talla de Francis Bacon, John Locke y Baruch Spinoza entre otros. Dicha corriente, pone en duda el origen divino de la autoridad monárquica así como la legitimidad de las monarquías absolutas y promueven las monarquías parlamentarias, las democracias y principalmente el republicanismo.
Estos cambios se consolidaron con la revolución inglesa de fines del siglo XVII, llamada "la revolución gloriosa"; momento en que se reconocieron los derechos individuales y los límites del poder de los gobernantes ingleses.
Detrás de esta revolución estaban los burgueses, nuevo grupo social que nace con la expansión del comercio, consecuencia de las mejoras en la navegación y que, sumado a la revolución industrial de mediados del siglo XVIII produce una desenfrenada eclosión económica, social y cultural.
Llegamos así a fines del siglo XVIII, momento en el que se produce, primero la independencia Norteamericana y luego la Revolución Francesa. Esta última terminó convirtiéndose en el icono de la defensa de los derechos individuales de las personas, refrendados en la conocida "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano".
Toda esta efervescencia, potenciada por los pensadores de la ilustración, hizo efectivo el experimento social más importante de la historia de la humanidad, la instauración en todo el nuevo continente, de sistemas de gobierno republicanos.
El 25 de Mayo de 1810 no escapa de este contexto. Aprovechando la posición de debilidad de la España, invadida por una Francia que había olvidado los principios de su reciente revolución, se desatan en el Río de la Plata, los acontecimientos por todos conocidos.
Debemos entender, interpretar y aplicar los valores y las metas de 1810 a nuestro hoy; continuando con el trazado de esta línea de tiempo que comenzó hace casi cuatro siglos. Debemos hablar y pensar en el 26 de Mayo.
La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano dice que "los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos", que "la finalidad de cualquier asociación política es la protección de ... los derechos a la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión".
El espíritu de esta declaración se refrenda en las frases de Juan Bautista Alberdi: "La inseguridad es la barbarie genuina y neta"; "El trabajo es el origen de la riqueza, a una condición, la de ser libre. Libre, quiere decir seguro, inviolable, respetado en su ejercicio y en su resultado".
El derecho de libertad genera un deber, ese deber se llama respeto. Y como si fuesen las dos caras de una moneda, libertad y respeto son dos elementos indisolubles. Respeto a la vida del otro, respeto a la libertad del otro, respeto irrestricto al proyecto de vida del otro.
Jean Jacques Rousseau afirmaba: "Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad".

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